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Alergia alimentaria: Las LTP

Dr. Lluís Alandete German y Dr. Rubén Ferrer Sorolla. R2 MIR MFyC Centro Salud Centro. Teruel. Dr. Daniel Ferrer Sorolla. R2 MIR MFyC. Centro Salud Actur Sur. Zaragoza

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Entendemos como reacción alérgica toda respuesta inmune exagerada del organismo al entrar en contacto con el alérgeno (“sustancia extraña”). Hay una gran variedad de sustancias que pueden desencadenar la aparición de síntomas alérgicos, entre los cuales encontramos: polen, medicamentos, cosméticos, alimentos… Es en esta última, las alergias alimentarias, donde se ha producido una mayor repercusión en los últimos años.

Se estima que la prevalencia mundial de las alergias alimentarias en los adultos es del 1% al 3 %, y del 4 % al 6 % en los niños, según datos estadísticos de la OMS.
En España, de acuerdo con el Informe Alergológico elaborado por la SEAIC, las alergias alimentarias están aumentando, duplicándose el número de diagnósticos en una década; pasando del 3,6 % en 1992 a afectar al 7,4 % en 2005. Suelen afectar con más frecuencia a los adolescentes y adultos jóvenes. Dentro de este incremento, nos encontramos con un aumento de brotes alérgicos a una proteína encontrada en numerosas frutas y verduras, las LTP (proteínas transportadoras de lípidos). Se ha calculado que unos 40.000 aragoneses aproximadamente podrían ser sensibles a ella en diferentes grados, aunque por ahora hay muy pocos diagnosticados.

¿Qué son las LTP?

Las LTP son proteínas defensivas, distribuidas ampliamente por el reino vegetal. Estas proteínas presentan una estructura muy estable, facilitando su labor defensiva, ya que su estructura compacta hace que sean resistentes a los tratamientos térmicos (calor) y a la digestión. Es por ese motivo, que estas proteínas se sitúan en la capa externa de los vegetales (hojas, piel, cáscara); por ello la piel de las frutas (sobre todo las rosáceas, como melocotón, albaricoque, ciruela, etc.) suele resultar más alergénica que la pulpa.
Existen diferentes LTP, pero pueden ser muy parecidas en su estructura, lo que provoca la aparición de reactividad cruzada. Quiere decir que aunque no esté sensibilizado a una determinada LTP, el sistema inmune se confunde, reaccionando frente a alimentos a los cuales no se tiene alergia. La LTP del melocotón (Pru p3) se considera el prototipo de esta familia de alérgenos (el resto de LTP presentarían similitud del 45-92% con respecto a ella). Esta similitud explicaría la reactividad cruzada hallada.

¿Dónde están las LTPs?

1. Alimentos vegetales:
• Frutas: Albaricoque, cereza, ciruela, fresa, limón, manzana, melocotón, naranja, pera, y uva.
• Hortalizas: Col, espárrago, lechuga, tomate y zanahoria.
• Cereales: Cebada, maíz y trigo.
• Frutos secos: Almendra, avellana, cacahuete, castaña y nuez.
2. Pólenes:
• Malezas: Artemisia, Parietaria y Ambrosia.
• Árboles: Olivo y Plátano de sombra.
3. Otras fuentes vegetales: Látex.
Debido a su presencia en pólenes, se les ha conferido un papel como “panalérgenos”. Se ha visto que las LTP presentes en los pólenes son responsables de la sensibilización cruzada a alimentos, y por ende, de las alergias alimentarias.

Manifestaciones clínicas

La ingesta de LTP en pacientes alérgicos a estas suele desencadenar síntomas de aparición inmediata, casi siempre en menos de 1 hora de la ingestión y en clara relación con ella. Las manifestaciones clínicas pueden ser locales o bien generales, apareciendo cuadros clínicos graves.
Su estabilidad facilita que sean absorbidas a través de las mucosas y puedan alcanzar múltiples órganos diana produciendo síntomas más severos.

REACCIONES LOCALES (limitadas al sitio de contacto del alimento):

• Orofaringe: Prurito oral u orofaríngeo tras la ingestión. Puede acompañarse de disfonía o edema de labios, lengua, úvula…
• Tracto gastrointestinal: Náuseas, vómitos, dolor abdominal y/o diarrea.
• Piel: Urticaria, eritema, prurito.
• Tracto respiratorio: Rinoconjuntivitis, asma: tras la exposición a sus productos volátiles o como expresión de una sensibilización a un polen con reactividad cruzada.

REACCIONES GENERALES: Son más frecuentes en los alérgicos a la pulpa.

• Leves-moderadas: Principalmente involucra la piel y el tracto gastrointestinal. Menos frecuente es la afectación del tracto respiratorio o de otros aparatos y sistemas.
Urticaria generalizada: Lesiones urticariales agudas de intenso prurito que pueden acompañarse incluso de un edema de glotis. A veces los habones urticariales no son evidentes y sólo se observa prurito intenso y sensación de calor con eritema.
• Graves: Condicionando la aparición de edema de glotis, e incluso anafilaxia.
Anafilaxia: Afecta a múltiples órganos y sistemas, pudiendo manifestarse con dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, disnea, dolor torácico, urticaria, hipotensión, pérdida de consciencia e incluso shock. Suele aparecer dentro de los primeros 30 minutos tras la ingesta, aunque se han comunicado casos tras horas.
Anafilaxia inducida por el ejercicio: La ingestión del alimento desencadena cuadros anafilácticos graves cuando es seguida de un ejercicio físico intenso. La ingestión del alimento relacionado o el ejercicio, por separado, no producen síntomas.
Anafilaxia inducida por alimentos y AINE: La ingestión del alimento junto o precedido por la toma de un AINE, puede también desencadenar cuadros anafilácticos graves. Incluso la ingesta de alcohol o una situación hormonal concreta (por ejemplo, en periodo premenstrual) podría acarrear un empeoramiento clínico.

Diagnóstico

Lo realiza el especialista mediante la historia clínica, pruebas cutáneas con la técnica PrickTest, pruebas serológicas (IgE específica) e incluso pruebas de tolerancia oral.
En el caso de estos alimentos por su importante reactividad cruzada con pólenes, se producen frecuentes falsos positivos, por lo que puede ser necesaria una prueba de exposición con el alimento, siempre en condiciones controladas.
También puede ayudar la nueva técnica de diagnóstico molecular (microarrays), pues ayuda a conocer exactamente a qué molécula es alérgico el paciente, y, por tanto, a qué tratamiento puede responder mejor.

Medidas terapéuticas

1. Dieta de evitación: En función del grado de tolerancia.
1.1 Probar la fruta de distintas formas: pelada, lavada, zumo…
1.2 Si aún persistieran los síntomas, habría que evitar otras frutas de la familia de “las rosáceas” y limitar el consumo de productos industriales como yogures, lácteos, zumos, macedonias, mermeladas, cereales, chocolates, tartas, helados, gelatinas…
2. Tratamiento sintomático: Tratamiento pautado en caso de presentar un episodio de alergia alimentaria. En casos graves, podría estar indicado el llevar adrenalina en caso necesario.
3. Inmunoterapia: Vacunación con extracto de melocotón que reduce significativamente la reactividad y los tratamientos con vacunas para la alergia a pólenes pueden mejorar la clínica alérgica alimentaria por alérgenos homólogos.