El agua en boca de todos
Rafael Miranda
Dpto. de Zoología y Ecología de la Universidad de Navarra
El agua es la primera responsable de la vida en nuestro Planeta. Casi tres cuartas partes de la Tierra son agua y, sin embargo, no es un recurso ilimitado; el problema reside en su distribución. Pese a que algunos agoreros la señalan como sustituta del petróleo como origen de las guerras del futuro, con políticas de gestión adecuadas y un consumo responsable los problemas que hoy genera su carestía podrían desaparecer. Regularla y gestionarla de acuerdo a leyes más acordes con sus ciclos naturales son, en la actualidad, soluciones al alcance de los políticos.
El agua es tan importante porque cualquier forma de vida consta de procesos biológicos que necesitan agua, ella es el principal “engranaje” del metabolismo celular, de la obtención de energía para la vida. La vida se basa, desde un punto de vista puramente bioquímico, en un conjunto de reacciones químicas que permiten la construcción de moléculas complejas basadas principalmente en el carbono, y en la generación de energía que permite el movimiento, el desarrollo, etc. gracias, entre otros compuestos, a la intervención del agua. De ahí que su utilización responsable resulte crucial no sólo para los humanos, sino para el conjunto de la vida, vegetal y animal, en la Tierra.
Químicamente el agua la forman un átomo de oxigeno asociado a dos de hidrógeno, ni más ni menos. La diferencia con otras moléculas es que ésta tiene un comportamiento y unas características que la convierten en única. Su capacidad para asociarse con otras moléculas permiten los procesos metabólicos que originan la vida.
Desgraciadamente, el agua no es un recurso ilimitado, aunque el ciclo del agua permite, en cierta manera, su “reciclaje” continuo. El problema reside, generalmente, en su distribución. En algunas partes del mundo es muy abundante mientras que en otras es un bien muy escaso. De hecho, el mundo se compone principalmente de agua, no hay que olvidar la gran extensión de los océanos que cubren la corteza terrestre. Pese a esa distribución desequilibrada, no es probable que el agua origine guerras en los próximos años. De hecho, si se llevan políticas de gestión apropiadas, el agua no debe ser un problema serio en el futuro. La clave está en su correcta utilización y, sobre todo, en evitar su sobreexplotación. Muchas veces se trata, simplemente, de utilizar el sentido común y, por ejemplo, no intentar convertir en un vergel un lugar que es un desierto.
Un buen ejemplo del desconocimiento sobre el ciclo del agua, que ha ocupado primeras planas en los periódicos de nuestro país, es la creencia popular de que el agua de los ríos se “pierde” en el mar. Un pensamiento compartido por políticos con capacidad de gestionar los recursos hídricos. Esto constituye un error. El agua de los ríos debe “perderse” en el mar, porque cumple así su ciclo natural y porque son los ríos los que aportan, aparte de agua, nutrientes y sales a los mares. En definitiva, el agua de los ríos no se pierde en el mar, sino que se “invierte” en el ecosistema para el correcto funcionamiento de los ciclos biológicos. Nuestro deber es utilizar inteligentemente este recurso, afectando lo menos posible el ciclo del agua.
1,10 euros el litro
El valor del agua podría llegar a ser superior al del petróleo en el futuro, aunque parece una estimación excesivamente centrada en el corto plazo. Es indudable que el agua es un recurso necesario para la vida, mientras que el petróleo no. Podemos, y de hecho lo estamos haciendo, explotar energías alternativas al petróleo, pero no podemos vivir sin agua.
Con todo, y pese a que existen países donde el agua constituye un recurso mas escaso que el petróleo, no es probable que llegue a ser nunca una situación generalizada. Se trata de zonas geográficas muy concretas.
Evidentemente, no malgastar agua se ha convertido en un deber ciudadano. Seguir comportamientos responsables en su utilización resulta fundamental; son consejos que todos conocemos, profusamente difundidos en los medios de comunicación.
La utilización debe ser racional independientemente de que el agua escasee o sea abundante en nuestro lugar de residencia. La sequía puede llegar en cualquier momento, y el hecho de tener unas costumbres adecuadas sobre el consumo del agua permitirá afrontar la nueva situación favorablemente. Lo importante es no ver el problema de la sequía como un asunto lejano, del sur de la Península, sino como un problema próximo y que debemos saber afrontar responsablemente.
Son necesarias, no cabe duda, las grandes infraestructuras y la gestión integral del agua, pero cada uno debe de considerar el uso responsable del agua como una responsabilidad personal.
De hecho, las ciudades no podrían subsistir aún hoy sin el almacenamiento de grandes cantidades de agua en los pantanos. Las grandes presas permiten acumular este recurso y administrarlo a nuestro antojo a lo largo del tiempo. Indudablemente, podríamos subsistir sin esto, pero no sería posible asegurar el suministro del agua a decenas de miles de personas a la vez.
Así las cosas, y aunque podemos fabricar el agua, como cualquier otra molécula, el proceso no es rentable. La energía empleada en su fabricación supera claramente el valor del agua en la actualidad. Aún así, existen numerosos métodos rentables para su obtención, como las desaladoras que permiten la producción de agua dulce a partir de la marina.
En resumen, el problema no está en su disponibilidad, sino en su uso. Si usamos este recurso con sentido común no se convertirá, probablemente, en un problema serio en el futuro. La clave está, como casi siempre, en el sentido común.
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