La hipertensión arterial es una enfermedad producida por el aumento de la presión de la sangre. Sabemos que la sangre circula por nuestro cuerpo a través de las arterias y venas impulsada por un motor que es el corazón. Cuando esta presión supera unas cifras determinadas, se habla de hipertensión arterial.
Conocemos que el corazón, con cada latido, impulsa una cantidad de sangre. El latido corresponde a una contracción de nuestro músculo cardiaco, es decir, del corazón. Cuando el corazón se contrae, movimiento que se llama técnicamente sístole, la presión es máxima; y cuando se relaja, que es la llamada diástole, la presión es mínima. Se dan, pues, dos cifras de presión arterial: la máxima (sistólica) o también llamada vulgarmente la alta; y la mínima (diastólica), llamada también la baja. Ambas deben expresarse siempre en milímetros de mercurio, así por ejemplo, cuando nos dicen que una presión arterial de una persona es 14/9 quiere decir que tiene 14 es decir, 140 milímetros de mercurio de presión máxima, es decir sistólica; y 9 es decir 90 milímetros de mercurio de presión mínima o diastólica.
Generalmente y para la población en general, hablamos de hipertensión arterial cuando las cifras de presión igualan o se elevan de forma continuada por encima de 140 para la máxima y 90 para la mínima.
Con respecto a la cifras de tensión arterial la podemos graduar en los siguientes estadios.
Por otra parte, es importante saber que la presión arterial no es una constante sino que sufre variaciones durante el día en función de diversos estímulos; así aumenta con el frío, con el dolor, con el ejercicio, con el miedo, con las emociones, con la actividad sexual y disminuye generalmente durante la fase del sueño.
El esfignomanómetro es el instrumento con que mediremos la presión arterial; consta de un manguito, una pera de goma (que sirve para inflar el manguito) y un aparato en forma de reloj o de columna de mercurio. El manguito, que siempre debe de ser el apropiado con respecto al grosor del brazo, se coloca por encima del codo, se palpa el latido a ese nivel y se colona el fonendoscopio (las gomas). Con la pera se hincha el manguito hasta su máximo y luego al deshincharlo, cuando se oye el primer ruido, el número que marca en el reloj o en la columna de mercurio corresponde a la presión máxima y cuando deja de oírse este ruido, indica la presión mínima o también llamada, como hemos dicho anteriormente, diastólica.
Hoy en día es más habitual utilizar unos aparatos llamados electrónicos, que no necesitan fonendoscopio ni pera: tras apretar un botón, las presiones las señala una luz que se enciende cuando se alcanza la máxima y se apaga cuando llega a la mínima o se registra digitalmente en una pantalla. También existen unos aparatos más sofisticados que, gracias a un miniordenador, permiten registrar la presión arterial durante un período de 24 horas a intervalos prefijados. Esta técnica se denomina “monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA)”, y tiene la virtud de permitirnos valorar el comportamiento de la presión arterial en la vida real, ya que disponemos de múltiples tomas a lo largo del día y podemos comprobar qué variaciones se han producido y en qué momento está la presión arterial más alta o más baja.
Por todo ello y dado que la presión varía ampliamente momento a momento y minuto a minuto, es necesario que la presión se tome en condiciones adecuadas y siguiendo unas normas establecidas. Hoy en día y cada vez mas los Médicos recomendamos encarecidamente que los propios pacientes determinen su presión utilizando aparatos automáticos, pero que sean validados, es decir, bien calibrados y reconocidos. No sirve cualquier aparato de medida de presión arterial, debe de ser aconsejado por el Médico o la Enfermera de su Centro de Salud. Para realizar de manera correcta estas medidas me parece oportuno describir las normas que conviene seguir en esta medida que el propio paciente se toma o el familiar le toma y se denomina auto medida de presión arterial ambulatoria (AMPA).
Para realizar de forma correcta la medida de presión arterial por el propio paciente, aconsejamos las siguientes recomendaciones:
La hipertensión arterial es un trastorno muy frecuente y extendido. Alrededor del 40% de las personas de todas las clases sociales de cualquier país padecen de hipertensión. Aunque en edades jóvenes la hipertensión es más frecuente entre los hombres, después de los 40 años suele verse con mayor frecuencia entre las mujeres. Asimismo, con la edad, las arterias envejecen, se vuelven rígidas y ofrecen mayor resistencia. Este y otros factores explican el porqué la presión arterial, sobre todo la máxima, se eleva con los años, no siendo infrecuente que en gente mayor se encuentre solamente elevada la presión máxima, siendo la mínima totalmente normal. Este tipo de hipertensión se conoce como hipertensión sistólica aislada y debe ser tratada con la misma contundencia que otros tipos de hipertensión, rompiendo así el mito de que este tipo de hipertensión, en personas mayores, no precisaba tratamiento.
En la gran mayoría de los hipertensos no sería una causa de hipertensión arterial. Esto no quiere decir que no exista una causa, sino que aún no ha sido suficientemente identificada. Esto es lo que se conoce como hipertensión esencial o primaria. En el 5% de los casos sí se halla una causa y a este tipo se le denomina hipertensión arterial secundaria.
Aunque no se halla una causa, si que se observan en las personas hipertensas unos factores que predisponen o favorecen la aparición de presión arterial.
Los síntomas son las molestias que pueden producir cualquier enfermedad. La presión alta generalmente no produce ningún síntoma durante sus comienzos, motivo por el cual puede pasar desapercibida. Únicamente cuando hay complicaciones o la presión es muy elevada pueden aparecer estos síntomas que suelen manifestarse en forma de dolor de cabeza, mareos o vértigos, aunque conviene insistir, todas estas molestias son de hecho, poco frecuentes. Por ello es importante, en las revisiones médicas periódicas, medir la presión arterial ya que, de por sí, no da la cara. En ausencia de estas revisiones, es recomendable que se efectúe una medición de presión arterial cada 4 años en pacientes menores de 40 años y cada 2 años los que superen esta edad.
Aunque la hipertensión no se puede en general, curar (sólo en algunos casos de hipertensión secundaria es posible), afortunadamente en momento actual se puede controlar y mantenerla controlada. Para conseguir esta reducción en las cifras de presión se debe seguir un tratamiento continuado y, de esta forma, se podrán evitar las consecuencias que para la salud tendría el permanecer con una presión alta.
Podemos aconsejar las siguientes normas:
Si a pesar de todas las medidas anteriores la presión arterial no está corregida (lo que sucede en la mayoría de los hipertensos), será necesario tomar medicamentos que, en la mayoría de los casos, deberán tomarse durante toda la vida. Y aunque en bastantes pacientes se consigue normalizar la presión con una sola pastilla, en otros muchos (de hecho, más de la mitad), será necesario tomar 2 o más pastillas, lo que no debe desanimar en absoluto al paciente.
Tomar medicamentos de forma continuada durante toda la vida es difícil. Es muy fácil olvidarse tomar las pastillas cada día, e incluso es más fácil no acordarse de si ya se ha tomado o no. Para ello, es muy útil seguir algunos trucos para evitar estos olvidos. Hable con su Médico o Farmacéutico la forma de ajustar la toma de su medicación a sus horarios y actividades habituales. Estos pueden ayudarle a seguir correctamente el tratamiento. Por ejemplo, tomar la medicación durante una actividad que se realiza cada día de forma rutinaria (levantarse, desayunar…) puede ayudar a acordarse más fácilmente. En ocasiones, las personas hipertensas toman la medicación de forma irregular y sólo cuando se sienten mal. A todos nos es más fácil tomar medicamentos cuando nos encontramos mal.
Es difícil encontrar el motivo para tomar medicamentos cuando uno se encuentra perfectamente. Esto explica porque algunos hipertensos dejan de tomar las pastillas cuando piensan que ya están bien, cuando su presión arterial se reducido, concepto erróneo, porque es cuando nuevamente, al dejar de tomar la medicación, vuelve a subir la tensión arterial.
Todas estas actitudes no son adecuadas y en algunos casos pueden ser peligrosas. Al dejar la medicación, la presión arterial puede volver a subir hasta el punto en donde estábamos antes o un más alta. Siempre que tenga dudas consulte con su Médico o Enferma del Centro de Atención Primaria.
Por todo ello podemos concluir lo siguiente: