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Cultura: Actualidad

Revista nº 11 / mayo - junio 2008 | Sumario zh11 | Artículos de Cultura

Día del enfermo

José Ignacio Martín Badules
Delegado Episcopal, Responsable del Servicio Religioso Hospitales

Con ocasión del Día del Enfermo, el pasado domingo 27 de abril, el Servicio Religioso del Hospital de Navarra y del Hospital Virgen del Camino celebró sendas Eucaristías en las que se administró el Sacramento de la Santa Unción a varios enfermos.

En el ámbito de esta Fiesta, nos parece oportuno dar a conocer la actividad Pastoral del Servicio Religioso del Hospital de Navarra y del Hospital Virgen del Camino —los de mayor envergadura dentro del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea— ofreciendo algunos datos extraídos de la recién presentada Memoria del 2007, que pongan de manifiesto la labor que la Iglesia de Navarra realiza en el sector sanitario.

  • La presencia del sacerdote cubre las 24 horas del día.
  • Bautismos de urgencias: 7
  • Un matrimonio.
  • Unciones: 2.391
  • Comuniones en las capillas: 85.090
  • Comuniones de enfermos: 17.885
  • Eucaristías: 748 (todos los días de la semana se celebran cuatro Misas: a las 8 y a las 11.30 en Virgen del Camino; y a las 10,30 y 18 en el Hospital de Navarra).

Evidentemente, otra realidad de nuestro trabajo pastoral, más difícil de contabilizar, se refiere al acompañamiento y a la escucha durante las visitas a los enfermos y a los familiares, así como las confesiones, los responsos, y en su caso, nuestra presencia en los tanatorios y en los funerales, etc.

En todo caso, aspiramos a ofrecer una presencia amable y esperanzadora de la Iglesia, llevando a cabo con naturalidad y de modo personal el Evangelio de la Misericordia, convencidos de responder así a las necesidades y requerimientos tanto de los pacientes como de sus familiares.

Tanto el Servicio Religioso como los demás Servicios sanitarios somos conscientes de que todo paciente es una persona necesitada, sobre todo cuando la enfermedad llama a la puerta, esto es, cuando el enfermo, como en ninguna otra situación, experimenta la limitación y la fragilidad de la vida. Es precisamente entonces cuando esa persona reclama una atención integral, que además de procurar el deseable restablecimiento, le permita asumir sanamente la enfermedad, “viviéndola” con la mayor dignidad posible. Es obvio que en tales circunstancias, además de tratamiento médico, el enfermo necesita también asistencia de carácter espiritual y religioso.


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