Se conoce como estudio preoperatorio al conjunto de consultas, pruebas realizadas y documentos firmados, previos al paso del paciente por el quirófano. La consulta preanestésica es un paso imprescindible dentro de este estudio. Representa un elemento esencial en la seguridad anestésica y permite al anestesiólogo elegir la técnica y cuidados postoperatorios más adecuados, según el estado del paciente y el procedimiento quirúrgico programado.
La consulta preanestésica es una consulta médica especializada. Además, es un requisito legalmente obligatorio para la realización de una intervención quirúrgica. El médico responsable interrogará al paciente sobre sus antecedentes y síntomas actuales, lo explorará y le explicará las alternativas anestésicas más apropiadas dependiendo de su estado físico y de la intervención que se vaya a realizar, así como las posibles complicaciones que puedan surgir en el acto quirúrgico y el postoperatorio inmediato.
El principal objetivo es que el paciente llegue al quirófano en las mejores condiciones físicas y emocionales.
Cuando se va a realizar una cirugía de forma programada, la consulta preanestésica se llevará a cabo en el mismo recinto hospitalario -o en un centro vinculado- donde se intervendrá al paciente, unos días o semanas antes de la intervención. Es el cirujano responsable del paciente quien deriva al enfermo a esta consulta, señalando el motivo de la intervención y la probable fecha en la que ésta se llevará a cabo. El paciente es avisado por teléfono o correo con varios días de antelación.
Teóricamente, la consulta preanestésica deberá realizarse siempre que se vaya a necesitar la presencia del anestesiólogo para llevar a cabo cualquier tipo de anestesia (general, regional, sedación, etc.), sea el tipo de intervención que sea. Existen algunas intervenciones de cirugía menor que pueden realizarse con anestesia local sin la vigilancia de un anestesiólogo. En estos casos, la selección del paciente será muy cuidadosa, ya que, incluso en estas pequeñas intervenciones, pueden surgir graves complicaciones.
En función de cuál sea el estado del paciente, hay ocasiones en las que el estudio preoperatorio puede alargarse más allá de esta consulta, ya que se pueden solicitar pruebas diagnósticas complementarias o interconsultas a otros especialistas, con el fin de optimizar el estado preoperatorio del paciente y disminuir su riesgo anestésico-quirúrgico.
Antes de firmar el consentimiento informado, debemos exigir al anestesiólogo que nos explique los procedimientos anestésicos que llevará a cabo y las posibles complicaciones que puedan surgir. Es conveniente plantearle cualquier otro tipo de cuestión que nos inquiete: dolor postoperatorio, temor a un despertar intraoperatorio, tipo de monitorización utilizada en su caso, posibilidad de transfusión sanguínea y sus riesgos, etc.
Una vez firmado el consentimiento, se supone que el paciente ha entendido todo lo explicado, está de acuerdo y da su permiso para la realización de la técnica anestésica acordada.
La asociación americana de anestesiólogos (A.S.A.) creó una clasificación de riesgo anestésico basada en el estado clínico del paciente previo a la cirugía. A priori, los pacientes clasificados como grado I-II tendrán menor riesgo y menos complicaciones que los grado III-IV. Si la intervención se realiza de urgencia, la letra “U” añade un grado al estado del paciente.
Grado I. Paciente sano. Sin otra afección que la que requiere el acto quirúrgico. Grado II. Ligera afectación general.
(Ej: Paciente hipertenso o diabético bien controlado, obesidad moderada)
Grado III. Afectación importante no incapacitante. (Ej: Insuficiencia cardiaca o respiratoria moderada )
Grado IV. Afectación severa no reversible con peligro vital. (Ej: Insuficiencia cardiaca grave, insuficiencia respiratoria que requiere oxígeno)
Grado V. Esperanza de vida <24 h, tanto si se opera o no. (Ej: Aneurisma de aorta roto, paciente en shock hipovolémico)