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Medicina y salud: Psicología

Revista nº 14 / noviembre - diciembre 2008 | Sumario zh14 | Artículos de Medicina y salud

Psicología positiva

Dr. Garrido-Landívar, E.
Especialista en Psicología de la Salud

El Dr. Martín Seligman, en 1999, fue uno de los pioneros en este moderno y antiguo paradigma que es la búsqueda de la manera de ser más feliz en el mundo que nos rodea, utilizando las emociones y el bienestar de que disponemos, para nuestro desarrollo personal y social. Su conferencia en la American Psychological Assotiation fue uno de los puntos claves para este entronque de nuevo cuño; y más recientemente, el trabajo del premio Nóbel de Economía y Psicólogo Daniel Kahneman, sobre las estructuras e índices de factores ligados al bienestar de los ciudadanos.

La calidad de vida, tanto en el ámbito de las ciencias sociales y económicas como en el de la medicina, ha sido desde hace unas décadas un objetivo prioritario de la comunidad científica. Las ciencias económicas son fundamentales para incrementar el bienestar de los ciudadanos. Y por mucho que nos cueste entenderlo, éste tiene mucho que ver con que las emociones positivas se derivan de la confianza y la seguridad del individuo ante los avatares de la crisis, de la vida o de la evolución social en la que estamos inmersos. Por eso, la confianza de los pueblos, de la economía, del interior de los individuos como personas y como grupo, no se compra ni se vende. Es un concepto de emoción positiva que va desarrollándose sutilmente en nuestro entorno personal y social.

La Psicología, como la medicina, ha sido muy intervencionista en el sentido de intervenir, tratar, evaluar, “apagar incendios”; y muy poco preventiva en el sentido de educar, realizar desarrollos personales que sirvan para poner las bases de un bienestar que prevenga carencias emocionales y sea consciente de sí mismo y de su protagonismo frente a su vida interior y la forma cómo organiza su vida para que sea más feliz con lo que tiene.

La felicidad, objetivo prioritario

Esto es, ni más ni menos, la Psicología positiva: ocuparnos de la felicidad humana como objetivo prioritario. Una vez se han cubierto las necesidades primarias, hemos de intentar hacer un nuevo enfoque, destinado a mantener un equilibrio emocional positivo, una salud positiva y un bienestar continuado.

Sin querer, ocupándonos de la mente, hemos creado una ciencia de la conducta o una psicología muy patológica, casuística. Una psicología de lo negativo, del trastorno, de la enfermedad; incluso negando lo positivo de las personas, adoptando una actitud pesimista hacia el propio ser humano. En este contexto no tenía cabida el humor, la alegría, el vivir, la ilusión, la emoción, el placer, la creatividad... Estábamos tan ocupados con los problemas de la mente humana que perdimos de vista otras facetas más positivas y más ricas de esa misma mente.

Quizás, lo que hemos hecho con ese modelo negativo ha sido tratar de evitar las emociones negativas de los humanos, en vez de estimular las positivas como la esperanza, la ilusión, la alegría y la motivación para hacer cosas estimulantes. Está más que demostrado que las personas con fortaleza humana actúan con amortiguadores contra el trastorno mental y que determinadas características positivas como el optimismo, la esperanza, la ilusión, la perseverancia, el valor y cierto grado de paz –no neurotizar las cosas-, hacen de barrera contra dichos trastornos.

Sufrir por sufrir

Todos sabemos y hemos comprobado que una persona pesimista, triste, demasiado precavida, obsesionado por todo, muy preocupada por su salud, obtiene niveles más bajos de salud, aunque le parece que previene más por su forma de ser. Esta forma de ser actúa paradójicamente en contra –muchas veces- de lo que uno desea. También sabemos que una persona que “quiere sufrir”, sufre. Sufrir por sufrir no ha sido nunca positivo. Puede ser que los clínicos no hayamos sabido transmitir este concepto: es mejor no sufrir cuando el sufrimiento se hace inútil.

Algo parecido nos ha pasado con el hecho de transmitir de forma práctica que el paciente es un ser pasivo en todo el proceso de su curación o enfermedad. Curación sería positivo, enfermedad sería negativo. “Puesto que estoy enfermo no hago nada”-sería un concepto negativo- y “puesto que estoy enfermo, ¿qué debo hacer yo por mí mismo para curarme antes?”-sería un concepto positivo. Con la responsabilidad de todos, el paciente sigue siendo un sujeto pasivo, no hace nada por sí mismo para ayudar a “tomar las medicaciones correspondientes”, porque ese es el criterio que ha recibido durante toda su vida, que la salud depende del médico, del profesional; no de sí mismo también. Sabemos que las pastillas actúan de placebo en muchos sujetos y esa actitud “de placebo” puede ser negativa o positiva. Por supuesto que dependerá de mí humor, de mí sensación de esperanza, de la alegría o simplemente de confianza en las pastillas y de quién me las prescribió... ¡Esta forma de pensar es positiva y cura antes!

Nivel de riesgo

En mis años de hospital, con el intercambio siempre enriquecedor con los cirujanos, hemos llegado a una conclusión casi determinante. En operaciones quirúrgicas menores y, por supuesto, en las de mayor trascendencia, se observa mayores complicaciones en aquellos pacientes que entran al quirófano con un mayor nivel de riesgo. Este riesgo es medido de forma empírica de la manera más simple: nivel de optimismo, nivel de miedo, nivel de esperanzaconfianza, nivel de aceptación y forma positiva de encajar la operación. La persona es un riesgo para sí misma cuando su nivel de miedo, desesperanza, tristeza y duda actúan como desencadenante ante una operación quirúrgica. Estos son aspectos negativos de la salud, que dependen mucho de nosotros mismos. A todo este proceso lo denominamos Psicología positiva. Poner nuestra emoción positiva en querer, en colaborar, en aceptar, en hacer cosas que me ayuden, en decidir, en llevar una vida de calidad y de buen humor, de alegría y convivencia social.

Estado de ánimo

Lo mismo podríamos decir ante un proceso depresivo. El estado de ánimo bajo, la ausencia de emociones positivas, la tristeza profunda, la pasividad para actuar y todos los efectos negativos que conlleva un cuadro depresivo, son más exagerados y permanentes en aquellas personas que toman una actitud negativa y pasiva que en quienes activan pensamientos y emociones positivas, ejercicio físico todos los días, distracción continuada y “hacer algo” a favor de uno, a pesar de no encontrar todavía ese alivio que vendrá mucho antes de lo esperado si uno hace algo para ello.


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