Para mantener una correcta hidratación y un buen estado de salud es necesario reponer todo el líquido que se pierde. Esta reposición de líquido se obtiene a través de los alimentos y bebidas. Se calcula que, del total del agua necesaria, un 20-25% proviene de los alimentos y un 75-80% de las bebidas.
Obtener una correcta hidratación es fundamental para la salud, ya que, para desarrollar funciones tan básicas como la digestión, el transporte de nutrientes, la eliminación de lo que no se necesita a través de las heces y la orina, etc., el organismo necesita líquido. Si no reponemos todo lo que va gastando, nuestro cuerpo tiene que recurrir al que está en el interior de las células. Es como si las estuviéramos exprimiendo y, por tanto, sufren. Por eso puede aparecer dolor de cabeza, cansancio, debilidad, etc. Con el fin de evitar esas consecuencias que afectan a nuestra salud, hay que beber la adecuada cantidad de líquidos durante todo el año, alrededor de 6 a 8 vasos de líquido al día.
¿Qué alimentos nos aportan más agua? Sopas, caldos, frutas, verduras, lácteos, etc.
Asimismo, es recomendable variar el consumo de líquidos: agua, zumos de frutas (mejor naturales), infusiones y refrescos de forma ocasional.
Es común en muchas familias acompañar las comidas con zumos o bebidas azucaradas en lugar de agua. Este hábito no es muy sano si se tiene en cuenta que estas bebidas suman calorías a la alimentación del niño o niña. Otra costumbre es tomar este tipo de bebidas no sólo en las comidas sino también entre horas. Hay que tener en cuenta que estas bebidas azucaradas (zumos y refrescos) además de aportar un extra de azúcar no tienen poder saciante con lo que no resta la ingesta de la siguiente comida.
El exceso de este tipo de bebidas (aproximadamente el 20% de los adolescentes toman bebidas refrescantes a diario), junto con el abuso de bollería industrial, chucherías, comidas precocinadas, etc. unido a la falta o insuficiente consumo de frutas y verduras, (no cumplen las cinco raciones de frutas y verduras al día) contribuye a la obesidad infantil. En España hay un 30 % de niños y niñas con problemas de sobrepeso u obesidad.
Ejemplo: Una lata de refresco de 330 ml proporciona unas 150 kcal, equivalente a 35 gramos de azúcar (3-4 sobres). Si estos azúcares se añaden a las calorías de la dieta típica sin reducir la ingesta de azúcar de otros alimentos, podrían conducir a un aumento de peso de entre 5 y 7 kg al año.
Existen suficientes evidencias sobre el vínculo entre el consumo de bebidas azucaradas entre horas y el exceso de peso como para desaconsejar su consumo habitual como parte de un estilo de vida saludable.
Por otro lado, las bebidas azucaradas se clasifican como alimentos líquidos de alto índice glucémico ya que provocan un aumento rápido de los niveles de glucosa en sangre postprandial (después de ingerirlas) y una disminución de la sensibilidad a la insulina, que a la larga puede ser determinante en un mayor riesgo de la diabetes.
Algunos de los factores que incrementan los problemas de salud, son el sedentarismo, la alimentación no saludable y la ingesta de bebidas altamente azucaradas. Según la OMS, poblaciones con alto consumo de bebidas azucaradas incrementan el riesgo de padecer enfermedades crónicas.
Como conclusión, no se trata de eliminar por completo de la alimentación este tipo de bebidas, pero sí reducirlas e incentivar el consumo de otras más saludables: agua, zumos naturales y lácteos semidesnatados.