Dormir bien, para muchos un sueño
Dr. Jorge Iriarte
CUN
Dormir mal, un problema frecuente
Dormir como un angelito es la envidia de muchas personas de todas
las edades. Antes se decía dormir como un niño, pero
claro, hay muchos niños que ni duermen a su hora ni dejan
dormir. En la población adulta es frecuente que el insomnio
llegue a ser un problema. Por insomnio se entiende la dificultad
para conciliar el sueño, la presencia de despertares prolongados
durante el sueño o el despertar precoz. Esta insuficiencia
del sueño nocturno provoca molestias diurnas, además
de la frustración por no poder dormir durante la noche. La
magnitud del problema es tremenda, pues sufren insomnio
más o menos grave alrededor de un 30-40% de la población,
y de ellos alrededor de la mitad toman medicación de modo
más o menos frecuente.
Por qué dormimos mal
La civilización actual favorece los desórdenes en
el sueño y en consecuencia la aparición de insomnio.
El trabajo en turnos, los viajes transoceánicos, el stress,
la competitividad profesional, los medios audiovisuales, el trasnoche
del fin de semana, el enganche a la televisión, Internet
o al móvil o el botellón... Hay demasiados modos de
destrozar la rutina del sueño nocturno normal. Los horarios
cada vez los hacemos más locos y al final nuestro cerebro
ya no sabe cuándo le toca dormir.
El primer punto como en cualquier enfermedad es conocer la causa.
Si se conoce, será más probable encontrar el tratamiento
eficaz. El problema es que las causas son muy diversas y hay muchos
tipos de insomnio. En un porcentaje bajo de casos hay una enfermedad
subyacente que provoca el insomnio. En estos casos el diagnóstico
será clave para elegir el tratamiento. Por ello, aunque no
son muy frecuentes su importancia es muy grande. En la mayoría
de las personas habrá, sin embargo, no una enfermedad propia
del sueño sino factores psicológicos, enfermedades
físicas y factores ambientales que dificulten el sueño.
Sobre una personalidad predispuesta, pueden sumarse fases de ansiedad,
preocupaciones, stress, trabajo o cambios ambientales (ruido, cambio
de cama o almohada, vecinos, estudiantes, hijos pequeños...)
que trastocan el ritmo de sueño siendo a veces un desencadenante
de un problema que luego persiste, aunque la causa haya desaparecido.
Finalmente, en alguna rara ocasión, no habrá más
remedio que reconocer que no conocemos la causa y pensaremos en
algo genético.
Medidas para facilitar el dormir
Si el insomnio es leve y no está producido por una enfermedad
conocida, habrá que intentar tomar medidas para mejorar el
síntoma, el problema. En estos casos se pueden probar medidas
generales de higiene de sueño y se comienzan a tomar pastillas
de modo ocasional. Estas normas generales para facilitar el dormir
funcionan en casos leves, pero pueden ser también preventivas
para no desarrollar un trastorno del sueño importante.
Se recomienda organizar los horarios de comida de modo
regular, evitar café, coca-cola y otros excitantes, realizar
ejercicio físico a diario, no inmediatamente antes de ir
a la cama. Hay que dejar un espacio entre la cena y el
acostarse de al menos una hora, evitar cenas copiosas, ingesta de
alcohol, café u otras bebidas estimulantes o fumar, no tomar
en la cena alimentos que van a producir tendencia al ardor gástrico
o excesiva diuresis. Es preciso ir a la cama cuando sienta sueño,
no antes. No hay que utilizar la cama para actividades como leer,
trabajar, comer o escuchar la radio. Hay que echar la televisión
del dormitorio. Si hace mucho calor, la ducha con agua fría
o templada ayuda a la relajación y facilita la conciliación
del sueño. Las condiciones de la habitación son fundamentales:
cama adecuada (habitualmente ayuda que la cama sea dura y la almohada
blanda), habitación sin luz o ruido, con temperatura intermedia.
Si hay ruidos externos se pueden utilizar tapones. El horario y
duración del sueño son también claves. Hay
que intentar acostarse y levantarse a la misma hora, evitar cambios
importantes de horario durante el fin de semana. Se recomienda dormir
el tiempo que sea necesario para sentirse descansado a la mañana
siguiente, pero no más.
"Se recomienda dormir el tiempo que sea necesario para
sentirse descansado"
Yo no soy mi propio médico
A pesar de estas medidas, muchas veces uno sigue durmiendo mal
y sigue cansado durante el día. Es entonces cuando conviene
ir al médico de cabecera quien podrá comenzar con
tratamientos de pastillas. No hay que tener miedo a tomar
pastillas. Están para eso y pueden tomarse durante
tiempo prolongado. El problema no es tomar lo que nos dice el médico,
el problema es tomar lo que nos venga en gana, o sea, la automedicación.
Si el médico de cabecera ve que no triunfa con las medidas
habituales ya se encargará de enviarnos al especialista.
Lo que tengo que tener claro es que yo no soy mi propio médico.
Hacer caso al médico real será el único modo
de poder tener éxito. Si no, el fracaso está asegurado.
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