Los días 12 a 14 de noviembre se celebró en Pamplona la XVII Reunión de la Sociedad Española de Psicogeriatría, bajo el lema: “Prevención en Psicogeriatría. Estamos a tiempo.” En la misma se abordó la problemática suscitada por los trastornos psiquiátricos más comunes entre las personas mayores, entre ellos los trastornos por ansiedad. Entrevistamos a Manuel Martín Carrasco, psiquiatra, Director Médico de la Clínica Padre Menni (Pamplona), y Presidente de la Sociedad Española de Psicogeriatría y del comité organizador de la Reunión.
Desde el punto de vista clínico, no existen diferencias en el trastorno de ansiedad entre los adultos jóvenes y mayores. Únicamente existe una tendencia entre los mayores a presentar más síntomas de ansiedad somatizada, como palpitaciones, mareo o sensación de falta de aire. En cuanto a su frecuencia, es el tercer trastorno psiquiátrico más común entre las personas mayores, tras las demencias y las depresiones. Puede afectar al 35% de la población, en sus formas más graves.
La ansiedad es un estado emocional subjetivo que se caracteriza por aprensión y síntomas objetivos de hiperactividad del sistema nervioso autónomo. La ansiedad está relacionada con la respuesta ante una situación de peligro: potencial, real o imaginada.
La ansiedad se puede manifestar con síntomas cognitivo-emocionales, conductuales o somáticos, tales como temor, preocupación, inseguridad, inquietud, distraibilidad, tensión motora, hiperactividad autonómica, o molestias digestiva, cardiovasculares o, respiratoria. La alarma se despierta por la presencia de estos síntomas en intensidad y frecuencia suficiente como para afectar al rendimiento habitual del sujeto.
La mayoría de las personas ancianas que presentan este trastorno lo iniciaron en su juventud, aunque en ocasiones no fue diagnosticado y no recibió tratamiento, por lo que el mismo sujeto ignora que lo haya padecido. Sin embargo, existen casos de inicio tardío. Existen factores de personalidad, así como acontecimientos vitales, que facilitan, desencadenan o agravan este tipo de trastornos.
El paciente puede ver afectada de manera importante su calidad de vida. Existe una tendencia al aislamiento, y a refugiarse en el domicilio. También puede favorecer el consumo de alcohol, o tranquilizantes. En caso de evolución crónica, puede evolucionar hacia un cuadro depresivo.
Existen diferentes trastornos de ansiedad, todos los cuales pueden presentarse en las personas mayores. El tratamiento debe ser personalizado, tanto para el tipo de trastorno como individualmente. Las modalidades terapéuticas más frecuentes son la farmacológica, con la utilización de medicamentos como los ISRSs, venlafaxina o duloxetina, y de fármacos ansiolíticos, como las benzodiacepinas. Asimismo existen abordajes psicoterapéuticos exitosos, sobre todo los de tipo cognitivoconductual.
El documento pretendía sentar las bases de una buena práctica clínica en dos patologías psiquiátricas muy frecuentes entre las personas mayores, que con frecuencia no se diagnostican correctamente, ya que se interpreta erróneamente que la tristeza y el temor forman parte ineludible del proceso de envejecimiento. Las conclusiones más importantes fueron señalar la frecuencia y gravedad de estos trastornos, los graves problemas que se derivan de la falta de diagnóstico y tratamiento correctos, y proporcionar unas pautas de manejo basadas en la evidencia científica disponible. Asimismo, se hizo énfasis en los aspectos preventivos, mediante la detección de sujetos en riesgo, la puesta en marcha de programas psicoeducativos, el diagnóstico precoz y la implementación rápida de un tratamiento eficaz que incluya la psicoterapia.
Todo ello en el contexto de una red de salud mental que favorezca la atención especializada a los mayores, y esté preparada para atender sus necesidades.
Son trastornos que presentan un alto grado de comorbilidad. Es decir, con frecuencia se presentan simultáneamente. Asimismo, hay una tasa elevada de cuadros de ansiedad que evolucionan hacia una depresión, y no es raro que los síntomas ansiosos formen parte de la sintomatología residual de los cuadros depresivos.
En nuestro país no se presta una atención suficiente a los problemas de salud mental de nuestros mayores, pese a que el envejecimiento de la población los haga cada vez más frecuentes. Un dato muy elocuente es que la psiquiatría geriátrica no está reconocida como subespecialidad dentro de la Psiquiatría, y los centros donde se puede adquirir una formación específica son muy escasos. La mayoría de los países europeos están mucho más adelantados al respecto. La situación en España es realmente calamitosa, aunque hay importantes diferencias según las Comunidades Autónomas, y confirma la desidia y escasa capacidad de planificación de nuestros responsables de salud pública. Desgraciadamente, no existe ningún atisbo de cambio a corto o medio plazo, a pesar de la denuncia permanente de las asociaciones de enfermos y familiares, y de las sociedades científicas, como la Sociedad Española de Psicogeriatría, o la Sociedad VascoNavarra de Psiquiatría. La situación se hará insostenible cuando la generación correspondiente al incremento demográfico de los años sesenta y setenta del pasado siglo alcance la vejez; probablemente entonces ya no “estemos a tiempo”.
Las personas mayores, especialmente los varones aquejados de depresión y de ansiedad, tienen el mayor riesgo de suicidio consumado del conjunto de la población. Se trata de una situación potencialmente prevenible, con un diagnóstico y tratamiento adecuados. Existen también programas de intervención que han demostrado su eficacia. Por desgracia, la dejación del Servicio Nacional de Salud al respecto es la norma, como ya he comentado.
Existe una amplia gama de causas somáticas de ansiedad, y de medicamentos que también pueden causarla. También es frecuente que la ansiedad acompañe el inicio de síndromes de demencia, como la enfermedad de Alzheimer. Por ello, el diagnóstico diferencial es sumamente importante.
Creo que en estos cuatro años hemos trabajado intensamente para consolidar la Sociedad, y en algunos aspectos lo hemos conseguido. Por ejemplo, las reuniones científicas, los Consensos, la nueva revista, los nuevos Estatutos de la Sociedad, o la proyección internacional de la misma. No obstante, la falta de reconocimiento de la especialidad y la falta de formación y recursos asistenciales en Psicogeriatría permanecen como lacras de la atención psiquiátrica a los mayores en nuestro país.