Desde que nacemos, el tiempo pasa y vivir supone pasar distintas etapas: niñez, adolescencia, juventud, madurez… y vejez; cada una de ellas con sus características, limitaciones y situaciones propias.
En nuestra comunidad ha crecido mucho en los últimos años el grupo de personas de más de 65 años. Las condiciones de vida en la vejez han mejorado; se vive más años, en mejor estado de salud y con mayor bienestar.
También hay todavía formas de pensar que asocian la vejez con deterioro, carga y enfermedad o que valoran más la eterna juventud, la belleza exterior, la velocidad…, que la experiencia, la sabiduría o la tranquilidad.
Envejecer es un proceso largo, que no empieza a una edad concreta, con cambios lentos, graduales y universales, pero diferente para cada cual. Es una experiencia muy personal, en una sociedad que va cambiando muy rápidamente. También hay diferencias entre hombres y mujeres. Estas generaciones han vivido normas, tareas, modelos y oportunidades distintas para ambos géneros, y eso influye en el proceso de envejecer.
Piensa en tu infancia, tu juventud, tus 30, 40, 50 años… Se continúa siendo la misma persona, pero también se van dando cambios importantes, que se viven como positivo y negativo, que a veces cuesta aceptar, con reacciones de sorpresa, tristeza, pérdida...
El cuerpo se va haciendo distinto. La apariencia física varía. No se funciona igual. El ritmo se va haciendo más tranquilo y no se tienen las mismas energías, aunque se va saliendo de la inestabilidad que suponía la menopausia en la mujer y la disminución de hormonas masculinas en el hombre.
Las funciones mentales y emocionales se van enlenteciendo. También se van produciendo cambios sociales y en la forma de vida: jubilación laboral, cambios familiares, más libertad… Suelen darse situaciones positivas (más tiempo, nuevos proyectos, contribución social, vida activa…) y experiencias dolorosas: enfermedades o muerte de personas cercanas…
En cómo se envejece influyen muchos factores: genéticos, sociales, económicos, de salud, de género, educacionales… y también el modo de vida que se lleva y las decisiones que se toman.
Pasar de la madurez a la vejez implica ir ajustándose al envejecimiento físico, reconocer y aceptar los cambios, disfrutar de las oportunidades y manejar las limitaciones.
Se suele querer vivir más años, tener salud y vivir bien, aprovechar lo aprendido, mantener la alegría y buen humor… Y preocupa el futuro: la economía, perder capacidades, la enfermedad o la dependencia.
Cada persona puede intervenir en alguna parte de su proceso de envejecer, aunque no en todo. La década de los 50-60 es una época ideal para tomar la decisión de preparar una vejez sana y esto supone varias cosas:
Alimentación saludable y equilibrada. Comer de todo en la cantidad justa para no ganar peso: frutas y verduras, pan, cereales, pasta y arroz (mejor integrales), productos lácteos desnatados (yogures, leche, queso), pescado, etc. Comer menos grasas, carnes grasas, embutidos, productos azucarados, bollería y sal.
Moverse y descansar Los efectos positivos del ejercicio físico aumentan a medida que nos hacemos mayores. Se trata, al menos, de:
Se recomienda descansar suficiente y dormir 7- 8 horas, aunque es normal que el sueño sea más ligero y con interrupciones.
Prevenir. Es importante prevenir problemas de la espalda y los huesos (hacer ejercicio, cuidar las posturas y evitar el sobrepeso), accidentes de tráfico y domésticos y la incontinencia urinaria (existen ejercicios que puede consultar con su enfermera del centro de salud), cuidar los sentidos (vista y oído que empiezan a desajustarse), beber con moderación y dejar de fumar. También acudir a las revisiones pertinentes, conociendo el propio cuerpo y la herencia genética.
Sexualidad. La sexualidad no se acaba con la edad. Mujeres y hombres somos personas sexuadas, con capacidades de atracción, enamoramiento y variadas formas de relación sexual, durante toda la vida.
Memoria y pensamiento. Las pérdidas pueden afectar a la atención, rapidez y precisión, memoria… Se pueden consultar ejercicios en el centro de salud. La mente, como el cuerpo, se puede ejercitar.
Emociones y sentimientos. Con la edad no se pierde la capacidad de disfrutar de las cosas, aunque a veces se disminuyen las actividades agradables y se producen más situaciones difíciles.
En esta etapa, como en todas, hay situaciones que producen sentimientos positivos y bienestar y otras estrés y malestar: el propio envejecer, enfermedad y muerte de personas cercanas… Cuidar los sentimientos es sentirlos, vivirlos, reconocerlos, aceptarlos, expresarlos y compartirlos… los producidos por acontecimientos alegres y tristes. Y es revisar nuestra forma de mirar la vida ¿Hay formas más positivas de ver las cosas?
Es importante quererse e introducir en la vida cotidiana el máximo posible de pequeñas cosas y momentos que nos generen placer, disfrute, alegría, paz, humor o tranquilidad.
Las relaciones. Muchas cosas son iguales a cualquier edad: la importancia de la seguridad emocional, querer y que te quieran, el respeto y la valoración, la escucha y la comunicación, no decir sí cuando queremos decir no… Para preparar una vejez mejor es importante pensar en nuestras relaciones: ¿son suficientes? ¿son las que queremos? ¿son de calidad?
El ocio y tiempo libre puede ser fuente de satisfacción o de aburrimiento, posibilidad de estancamiento o de desarrollo personal, experiencia de participación social…
Para envejecer con salud es importante ir preparando un ocio gratificante, con actividades variadas y que conlleven relaciones interpersonales.
Es fundamental disponer de recursos y servicios accesibles, con ofertas de actividades socioculturales, educativas, excursiones, visitas, viajes, balnearios, actividad física…
El entorno y la sociedad. Las personas somos seres sociales en cualquier etapa y la vida en sociedad es importante. La participación en grupos y asociaciones y el trabajo voluntario contribuyen al desarrollo personal y de la sociedad en que vivimos.
Envejecer con salud merece la pena. Esta etapa es cada vez más importante en cantidad y en calidad en nuestras vidas.
Envejecer implica cambios positivos y negativos. La vida es así. Pero el bienestar, la sabiduría y la belleza interior no dependen de la edad.Necesitamos que los gobiernos, las instituciones y las personas hagan posible una sociedad más acogedora para envejecer, ofreciendo recursos y servicios de salud, sociales, de ocio, económicos… y favoreciendo una imagen de la vejez más acorde con la realidad.