¡Ya llegó el verano! Lo hemos esperado con ansiedad tras un invierno y primavera fríos y lluviosos. Con él, podremos disfrutar de días de calor, sol, piscina, fiesta…Pero no deberemos de olvidar que las altas temperaturas, también pueden ocasionar riesgos para nuestra salud. Son frecuentes, por ejemplo, las sensaciones de cansancio o agotamiento, los calambres, la sudoración más o menos intensa, erupciones en la piel,… Y no es raro que podamos padecer o tener que atender una “lipotimia”. Todos estos síntomas son consecuencia de los efectos que el calor tiene sobre nuestro organismo, y que básicamente afectan a nuestra hidratación (deshidratándonos) o a nuestra temperatura corporal (insolación o “golpe de calor”).
Desmayo, vahído, mareo, lipotimia, síncope, son algunas de las formas en las que habitualmente denominamos a un malestar repentino, con pérdida parcial o total del conocimiento de poca duración (desde unos segundos hasta un máximo de 1 ó 2 minutos…). Todos hemos presenciado en alguna ocasión a una persona en una situación de este tipo o incluso hemos podido padecerla nosotros mismos. ¿Por qué se produce? ¿Qué debemos de hacer? A estas y otras preguntas sencillas intentaremos dar respuesta en este artículo.
En primer lugar es importante saber que con el nombre de desmayo, sincope… podemos estar hablando de episodios muy diferentes en sus causas y en sus consecuencias.
La lipotimia o sincope vaso-vagal es la forma más común de “desmayo” y se produce por un mecanismo de tipo reflejo en el que intervienen factores neurológicos y cardiológicos, que producen de forma transitoria un descenso de la frecuencia de los latidos cardiacos, de la presión arterial y en general de la circulación en el cerebro, sin repercusión posterior, salvo el daño que se ha podido producir si se ha caído y golpeado al perder la conciencia.
Ya hemos comentado que el calor es un factor que se relaciona habitualmente con la predisposición a presentar una lipotimia, pero situaciones como: cambios bruscos de posición (levantarse rápido), cualquier dolor, cualquier esfuerzo (al orinar…), una ingesta alimentaria excesiva, extracciones de sangre o dentales, emociones intensas o permanecer excesivo tiempo de pie,…pueden ser muchas veces los factores desencadenantes.
La mayor parte de las perdidas de conciencia suceden en personas sanas, que no padecen ninguna enfermedad relevante.
Sin embargo, en ocasiones, sobre todo en personas de edad avanzada, podemos encontrar una serie de problemas de salud que pueden dar lugar a una pérdida de conciencia y que deben ser diagnosticados y tratados. Hacer un diagnóstico correcto de un “mareo” es, con frecuencia, uno de los desafíos más difíciles que un médico puede enfrentar. Es conveniente por, ejemplo, que valoremos la posibilidad de que existan causas cardiológicas (cambios de ritmo, “bloqueos”,…), neurológicas (epilepsia,…), vestibulares (del oído interno), etc.
Es aconsejable, en cualquier caso, informar a su médico de familia del episodio, sobre todo si este se ha repetido, para que realice una valoración. En la mayoría de los casos, con esta valoración inicial será suficiente y el criterio responsable de su médico podrá evitar realizar pruebas complementarias complejas e innecesarias.
En cualquier situación siempre es fundamental mantener la calma y aunque no se tengan conocimientos médicos actuar con sentido común. Si observamos en una persona cualquier signo de malestar o mareo intentaremos acostarla, evitando que se dañe con una posible caída. Si es posible, lo haremos en un lugar fresco y ventilado y elevaremos las piernas. Nos aseguraremos de que mantiene la respiración y tiene pulso, sino es así llamaremos al 112 e iniciaremos, si tenemos conocimientos mínimos la reanimación básica.
Mientras está inconsciente nunca debemos administrar líquidos o alimentos. Al despertar, animar a que respire despacio y profundo. Si vomitara, colocarlo de lado y si tuviera movimientos (convulsiones…) en brazos y piernas, evitar que se pueda hacer daño…y siempre mantener la calma…
Como hemos comentado, la lipotimia solo es uno de los posibles efectos del calor en nuestro organismo. Existen otros síntomas o signos que pueden avisarnos del inicio de una deshidratación o de una insolación (golpe de calor): sudoración excesiva, calambres musculares, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, fatiga, sed más o menos intensa…Es muy importante adoptar medidas de prevención sobre todo en personas especialmente susceptibles antes de que pueda convertirse en un problema serio para su salud.
De forma general los efectos del calor pueden suponer un mayor riesgo en mayores de 65 años, especialmente si viven solos, y en niños menores de 5 años. Son especialmente susceptibles las personas obesas o con antecedentes de enfermedad crónica: diabetes, enfermedades del corazón, demencia, hipertensión, enfermedades pulmonares o aquellas que toman determinados medicamentos: hipotensores, diuréticos, relajantes…Las personas que realizan una actividad laboral o deportiva que requiere un esfuerzo importante.
Los consejos generales más útiles para afrontar los días de calor y prevenir los efectos de las altas temperaturas son los siguientes:
Las cifras que definen la situación de alerta es la elevación por encima de 35,8º de máxima y 22,5º de mínima durante 1 o más días consecutivos. No obstante, con temperaturas inferiores en personas de riesgo también debemos ser especialmente prudentes y prevenir. A pesar de lo comentado… y con el mes de junio que estamos “padeciendo” (en el momento de escribir el articulo sigue lloviendo…) bienvenido sea el verano y ¡un poco de calorcito por favorrrrr!!!!