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Cultura: Divulgación científica

Revista nº 24 / julio - agosto 2010 | Sumario zh24 | Artículos de Cultura

Salud y espacio

Salud y espacio

Patricia E. Ferrer

El desarrollo de nuestros hijos se favorece mediante el cuidado de sus cambiantes necesidades de seguridad y autonomía, admitiendo que crezcan sintiéndose apoyados y fundamentando la relación en una “cálida afectividad”. Ello implica estar al tanto, sin excesiva protección.

Los astronautas en el espacio tienden a comer con más sal de lo habitual cuando se encuentran en órbita. Su lengua se ve alterada por la falta de gravedad y para que los alimentos tengan mayor sabor tienden a aderezar más sus platos. De igual forma que en la Tierra, abusar de este condimento pasa factura, en el espacio lo hace antes y de forma diferente. Los astronautas la almacenan de forma desconocida y los huesos comienzan a degradarse. Un problema que por el momento desconcierta a la comunidad científica.

De hecho, en el espacio los astronautas pueden llegar a padecer osteoporosis, problemas cardiovasculares, o el conocido ‘mal del espacio’, entre otros. Por ello, estudiar medicina en el espacio y en general investigar en ciencia es fundamental para la vida en la Tierra, ya que el ser humano no está hecho para vivir bajo la ley de la gravedad, en el vacío del espacio.

Así lo cuenta la ESA en uno de los últimos vídeos que ha difundido, que explica además que estar en el espacio puede provocar problemas vestibulares en los astronautas, un fenómeno que puede hacer sentir enfermo al astronauta y dura cerca de dos ó tres días, bastante frecuente, aunque finalmente se pasa. "Sus síntomas vienen del interior del oído y pueden causar desequilibrio y náuseas", explica el jefe del Centro Europeo de Astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas en inglés), Miguel Tognini.

Por ejemplo, en el momento de despegar, los astronautas padecen el llamado ‘mal del espacio’ y luego, en el momento de regresar a la Tierra se presenta al revés, se llama el ‘mal de la Tierra’, les cuesta caminar y sienten la cabeza pesada al haberse relajado los músculos del cuello y pueden llegar a titubear.

La Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), una plataforma que orbita alrededor de la Tierra y en la que habitan los astronautas periódicamente, es el principal laboratorio para el estudio de estos experimentos.

El último comandante europeo de la ESA que ha vivido durante seis meses en la instalación espacial, el astronauta Frank de Winne, ha estado "controlado" por un médico personal constantemente, de igual forma que el resto de sus compañeros cuando se encuentran en el espacio.

De Winne cuenta que los músculos en la ingravidez pueden atrofiarse porque no se utilizan y el corazón se vuelve "perezoso" por la ausencia de gravedad, por ello es preciso el ejercicio físico con aparatos adaptados al espacio. Para evitar estos posibles problemas, los astronautas que viven en la ISS tienen programados todos los minutos durante su estancia en la órbita, y entre otras "tareas" practican, al menos, dos horas de ejercicio diarias. Asimismo, señala que suelen padecer problemas cardiovasculares y falta de masa muscular, para lo que tienen que estar durante este tiempo haciendo ejercicio para no perder facultades.

En el caso de los huesos, que se renuevan constantemente, se desmineralizan al no ejercitarse tanto por no poder caminar y se puede llegar a padecer osteoporosis, una preocupación para los médicos y un "regalo" para los científicos terrestres, que buscan un remedio a la enfermedad gracias a esta investigación en el espacio.

Igualmente, Tognini apunta que otro de los problemas es la radiación que reciben al encontrarse fuera de la Tierra. La Estación Espacial está protegida por una carcasa que les protege de las erupciones solares, que son las encargadas de generar esta radiación. Para poder estudiarlo, desde hace un tiempo convive con los astronautas un maniquí fabricado a partir de "huesos" similares a los humanos, llamado ‘Matroshka’, que desde hace años está expuesto a estas constantes radiaciones.

En concreto, uno de los últimos experimentos llevados al espacio tiene "sello español", se llama MARES y pretende estudiar con detenimiento la atrofia muscular que aparece en el espacio para encontrar algún remedio a la enfermedad en la Tierra.

Investigar en el espacio es muy importante para la vida en la Tierra. En el espacio se recrean situaciones que en la gravedad probablemente serían imposibles y podrían suponer un paso más para el avance científico: encontrar el remedio a una enfermedad o instalar aplicaciones que mejoren la calidad de las personas.


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