
Estamos de enhorabuena ya que uno de nuestros bienes culturales y sociales ha sido declarado, hace pocos meses, patrimonio de la humanidad. Me refiero, como ya todos ustedes habrán adivinado, a la Dieta Mediterránea. Todos hemos odio hablar de ella, nos encanta decir que la practicamos y somos sus mayores defensores, pero ¿sabemos realmente qué es la dieta mediterránea? ¿Conocemos las características que tiene este modelo de alimentación? ¿De verdad la practicamos todo lo que declaramos? ¿Qué tiene que decir el pan en todo esto?
La dieta Mediterránea es un modelo gastronómico que se basa en el uso prioritario de tres pilares: aceite de oliva, cereal y uva y sus derivados. Junto a esto, el consumo preferente de alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, hortalizas, legumbres) y de pescado.
Los tres pilares de la alimentación que nos sugiere tomar la Dieta Mediterránea se dirigen a lograr unos menús saludables pero también agradables al paladar porque de nada sirve calcular al milímetro los ingredientes, técnicas de cocción, conservación y maridajes entre alimentos, si luego, el resultado final no satisface nuestra expectativas.
Es muy interesante, y estarán ustedes de acuerdo conmigo, comprobar cómo los avances científicos reafirman el hecho de que el pan como ingrediente primordial de la alimentación tradicional es el modo más adecuado para mantener y mejorar nuestra salud. Cuantos más estudios se hacen y publican, más se pone de manifiesto que un estilo de dieta con mayor contenido de ingredientes vegetales, como los derivados de cereales y, por supuesto, el pan, que animales es el más satisfactorio. Fíjense que es la misma idea que lleva proponiendo nuestra querida Dieta Mediterránea durante siglos. Y el pan, con sus infinitas variedades y encantos, siempre ha estado ahí, haciendo que nuestra dieta sea más sana y deliciosa.