Artritis y artrosis:
procesos reumáticos diferentes
Dr. Ricardo Gutiérrez Polo
Médico Adjunto. Especialista en Reumatología S. de
Reumatología
Hospital de Navarra
La Reumatología es una especialidad médica
relativamente joven en nuestro país, sin embargo, las enfermedades
reumáticas son tan viejas como la humanidad, motivo por el
cual están llenas de mitos y fabulaciones, arraigadas en
la cultura popular. Esto provoca en muchas ocasiones una inadecuada
interpretación de sus síntomas y una búsqueda
desaconsejable de soluciones. Es importante, por tanto, saber que
el "reuma" o "reúma" no existe, lo que
existen son enfermedades reumáticas, que precisan ser diagnosticadas
y tratadas adecuadamente por los médicos. No en vano, estas
enfermedades en su conjunto son la primera causa de dolor y de incapacidad
en los países occidentales. Entre éstas destacan la
artritis y la artrosis, que son dos procesos reumáticos diferentes.
La artrosis es la enfermedad articular más
frecuente, tiene un carácter degenerativo (lo que se conoce
vulgarmente como desgaste articular) y afecta principalmente
a la columna cervical y lumbar, las articulaciones de los dedos
de las manos y el primer dedo del pie, las rodillas y las caderas.
Ocasiona dolor de tipo "mecánico", de modo que,
al menos en las primeras fases, el dolor aparece cuando hacemos
un esfuerzo o movilizamos la articulación afecta. No suele
existir inflamación, aunque a veces se produce engrosamiento
o deformidad articular, de forma más visible en manos. La
rigidez articular, o dificultad para reanudar la actividad tras
el reposo, suele ser ligera y muy pasajera. Las pruebas analíticas
son normales y el estudio radiológico simple suele ser muy
orientador, con estrechamiento del espacio articular, compactación
del hueso subcondral (que se ve más blanco) y crecimiento
del hueso en los márgenes de la articulación (los
osteofitos).
La artritis incluye todas aquellas enfermedades
reumáticas en las que el proceso desencadena inflamación
articular. Esta supone la aparición de forma completa o parcial
de hinchazón o tumefacción, enrojecimiento, calor
local, dolor e incapacidad funcional. Sin embargo, si la intensidad
es alta y mantenida puede acompañarse de alteraciones generales,
como fiebre o febrícula, cansancio y pérdida de apetito.
El dolor "inflamatorio" suele ser continuado,
empeorando con el ejercicio y actividad, pero también existe
en reposo, siendo a veces más intenso a la noche. La
rigidez articular puede ser intensa y duradera. Las pruebas
analíticas suelen mostrar alteraciones, como elevación
de la velocidad de sedimentación de la sangre, lo mismo que
los diferentes estudios de imagen (radiografías, escáner,
resonancia, gammagrafía). Sin embargo, la mayor información
la suele aportar la detección y el análisis oportuno
del líquido articular, que se puede extraer mediante la técnica
denominada artrocentesis. Es imprescindible un diagnóstico
correcto para aplicar el tratamiento más específico
en cada caso y evitar la potencial destrucción articular
y la discapacidad derivada de ella.
La artritis puede afectar una articulación (monoartritis),
unas pocas (oligoartritis) o muchas (poliartritis) y hacerlo de
manera migratoria ("saltando de una a otra") o aditiva,
así como de forma aguda, crónica o intermitente. Puede
aparecer en cualquier articulación del cuerpo.
Son múltiples las causas que pueden ocasionar una
artritis, entre las que destacan infecciones, gota (por
cristales de ácido úrico), pseudogota (por cristales
de pirofosfato cálcico), procesos autoinmunes (artritis reumatoide,
espondiloartritis, vasculitis, entre otras) y, menos frecuentes,
en relación con cáncer, enfermedades endocrinológicas,
metabólicas y hematológicas.
El clima no causa reuma, aunque puede influir en los síntomas,
sobre todo la humedad y el frío. La dieta, excesiva en carnes,
vísceras, o el exceso de ingesta de bebidas alcohólicas
puede influir en enfermedades como la gota. El sobrepeso
y la obesidad son contraproducentes para el bienestar de
nuestras articulaciones y puede favorecer la aparición
de artrosis, sobre todo en articulaciones de carga, como
la rodilla. Tampoco favorecen la salud articular el sedentarismo,
las posturas y actividades inadecuadas o excesivas y la falta de
ejercicio.
Los factores hereditarios o genéticos,
por otro lado, tiene una influencia variable, según el tipo
de artritis y artrosis; en muchas ocasiones no es determinante.
Se admite una asociación clara entre el consumo de tabaco
y enfermedades como la artritis reumatoide, y no se descarta su
relación con infecciones bucales, de ahí que sea recomendable
evitar hábitos tóxicos y una buena higiene bucal.
A diferencia de la artrosis, que se manifiesta
fundamentalmente en la edad adulta, siendo su forma primaria
(no debida a eventos como una fractura previa o una deformidad congénita)
más frecuente con la edad, la artritis puede presentarse
a cualquier edad, incluso en niños.
El pronóstico y evolución, tanto de la artrosis como
de la artritis, requieren una evaluación médica temprana,
desde el inicio de los síntomas, de modo que la realización
de un diagnóstico adecuado y la instauración de un
plan terapéutico de manera precoz pueden mejorar, a veces
de forma determinante, el pronóstico de estas enfermedades.
Los avances en Medicina, también en
el área de la Reumatología, han posibilitado
que desechemos la idea de que el mal llamado reuma o dolor de huesos
sea un proceso desconocido, incurable, del que no queda otro remedio
que sobrellevarlo. Hoy en día se dispone, de diferentes técnicas
diagnósticas y de un amplio arsenal de medicamentos, tanto
para paliar el dolor como para controlar la inflamación.
Los pacientes con estas dolencias pueden beneficiarse de diferentes
técnicas rehabilitadoras y, en algunos casos, también
quirúrgicas, con el fin, de recuperar en lo posible la calidad
de vida previa, alcanzable en la mayoría de los casos.
Los analgésicos y anti-inflamatorios, que
son los medicamentos antirreumáticos más empleados,
tienen bajo riesgo de efectos secundarios si se usan adecuadamente
y bajo control médico; por tanto, hay que evitar la automedicación.
Actualmente disponemos de diferentes fármacos modificadores
de la enfermedad, tanto en la artrosis como en artritis inflamatorias,
que aplicados racional e individualmente pueden prevenir la acción
lesiva de estos procesos.
Y como en otros padecimientos, es importante la prevención,
que incluirá medidas de salud generales para toda la población
como mantener una actividad física regular y adecuada, una
alimentación variada y equilibrada, evitar tóxicos
como el alcohol y el tabaco, el sobrepeso y trabajos repetitivos.
Por el contrario, es recomendable consultar al médico ante
la aparición de síntomas de enfermedad y realizar
un reposo funcional de la articulación afecta hasta aclarar
su causa e iniciar el tratamiento específico o más
adecuado.
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