Los síntomas físicos o quejas dolorosas de etiología desconocida son bastante comunes en la población pediátrica. Muchos niños sanos pueden expresar la angustia emocional en términos de dolor físico, como dolores de estómago o dolores de cabeza, pero estas quejas suelen ser transitorias y no afectar el funcionamiento general del niño.
La somatización en niños consiste en la experiencia de quejas somáticas persistentes que no puede ser completamente explicada por un diagnóstico médico. Los síntomas somáticos se convierten en un foco principal de su atención y a menudo interfieren con la escuela, la vida familiar y relaciones con los compañeros.
Se encuentran síntomas somáticos recurrentes en el 11% de las niñas y en el 4% de los niños entre 12 y16 años.
Depresión
Las quejas somáticas parecen ser dos veces más comunes en niños y adolescentes con diagnóstico DSM-IV para depresión que en niños sanos.
La depresión en niños suele presentar además otros síntomas como: aspecto triste, apatía, sentimientos de culpa, disminución de las relaciones sociales, irritabilidad, problemas para dormir y falta de apetito.
Ansiedad
Generalmente la manifestación de los síntomas ansiosos en niños se produce mediante las quejas físicas, como pueden ser cefaleas, vómitos, tensión muscular, molestias gastrointestinales, enuresis (emisión involuntaria de orina) e incluso dolor.
Un tipo de ansiedad típica en población infantil es el Trastorno de ansiedad por separación. Consiste en una ansiedad excesiva e inapropiada para la etapa del desarrollo del niño en relación a la separación de éste de sus figuras de apego. Las manifestaciones incluyen malestar emocional excesivo y recurrente y/o quejas somáticas repetidas al anticipar el momento de la separación de los cuidadores o del alejamiento del hogar. Los niños con ansiedad por separación rehúsan a estar solos, temen dormir sin compañía y buscan dormir con sus padres. Son reacios a pernoctar fuera de casa y frecuentemente tienen pesadillas de ser abandonados. La negativa de asistir al colegio es un problema común en estos niños. Otras veces pueden acudir repetidamente a la enfermería con alguna molestia, deseando ser enviados a su casa y reencontrarse con su figura de apego.
Maltrato físico/ abuso sexual. Es frecuente que los niños que han sido víctimas de abusos físicos o sexuales manifiesten síntomas somáticos.
Personalidad del niño. Niños con rasgos de personalidad perfeccionistas, excesivamente autoexigentes, tímidos y con tendencia a inhibir las expresiones emocionales pueden presentar quejas físicas ante situaciones que les generan estrés, ansiedad o malestar emocional. Estilos de expresión y resolución de conflictos familiares. Familias rígidas tendentes a no comunicar ni expresar los conflictos entre sus miembros, que ocultan la expresión de las emociones y sentimientos, que ponen excesivos límites, o al contrario, familias que no establecen límites ante los hijos y emiten estilos de comunicación agresivos. Pueden influir en que el niño tenga dificultades para verbalizar su malestar emocional, y lo haga mediante quejas físicas.
La evaluación por el pediatra es el primer paso en el tratamiento de un niño que presente quejas somáticas recurrentes (no justificadas por un problema médico), incapacitantes y que afecten a la esfera escolar, social y/o familiar del niño. De los procedimientos de intervención podemos señalar los siguientes aspectos importantes:
Tome las quejas de su hijo en serio. Recuerde que un niño que se queja de manera recurrente puede tener una enfermedad física real. La consulta con el pediatra es imprescindible. Si después de un examen físico, las quejas persisten: