Tartamudez
Maialen Torralba Sardá
Logopeda del Centro psicopedagógico-logopédico Belar
La tartamudez, también llamada "disfemia", produce interrupciones
en la fluidez del habla de las personas (disfluencias), que se acompañan
de tensión muscular, miedo y estrés. Estos síntomas son la expresión
visible de la interacción de determinados factores biológicos, psicológicos
y sociales.
Aunque no hay datos concluyentes sobre las causas de la disfemia,
estudios recientes muestran que existiría una predisposición
hereditaria para tartamudear. Sin embargo, factores comunicativos
del medio familiar y social son indispensables para desencadenar
esta dificultad.
El comienzo de la tartamudez ocurre en un 80% de los casos entre
los 2 y los 5 años de edad, y por lo general es gradual, aunque
también puede ser repentino. En este periodo, el niño atraviesa
una etapa difícil ya que está desarrollando habilidades del lenguaje
muy complejas. Las repeticiones son normales (disfluencias típicas)
si no se acompañan de esfuerzo o incomodidad al hablar (gestos-tensión).
Esta patología afecta a un 2 % de los adultos y a un 5 % de
los niños aproximadamente, e incide en mayor medida sobre el sexo
masculino que sobre el femenino.
Pero, a veces, frente a una exigencia del medio, algunos niños
se hacen conscientes de su dificultad e intentan evitar estas repeticiones
y se esfuerzan para hablar, de forma que el mensaje sea continuo.
Este esfuerzo genera tensión en los músculos del habla y del cuerpo
en general. El aumento de tensión aumenta la disfluencia. Las disfluencias
acompañadas por tensión dejan de ser típicas y se convierten en
disfluencias atípicas y establecidas.
Los niños mayores de 5 años con disfluencias, se empiezan a hacer
conscientes de su dificultad, y no sólo repiten, prolongan sonidos
marcadamente o se tensan al hablar, sino que además desarrollan
toda una serie de actitudes para evitar bloqueos. Las actitudes
son estrategias que utiliza la persona con tartamudez establecida
con el fin de evitar situaciones de lenguaje temidas. Por ejemplo,
si dicha persona sabe que se va a trabar al leer, evita leer en
voz alta. Si sabe que determinada persona de su familia o escuela
le hace aumentar los bloqueos, evita hablar con esa persona, etc.
Las personas con tartamudez establecida tienen dos aspectos que
se complementan: diversas reacciones internas,
como malestar, vergüenza, culpabilidad, incapacidad y miedo a enfrentarse
a determinadas situaciones, palabras o personas, lo cual les lleva
a actuar de forma específica y pueden acabar teniendo escasa habilidad
en las relaciones sociales. Rasgos observables en el habla.
Además de las repeticiones, los bloqueos, la tensión y las estrategias
para evitar situaciones, palabras o personas, destacan las siguientes
reacciones: hay periodos de tartamudear. Es involuntaria
y cíclica. Suele ocurrir que tartamudeen al hablar
y no al leer, cantar o susurrar. Leen fluidamente
si otros leen al mismo tiempo. Se reducen los bloqueos
al hablar o leer solos. Al silabear (hablar partiendo
las palabras en sílabas) se reducen los bloqueos. Se dan gestos
y movimientos involuntarios. Algunas personas hablan
aspirando, y realizan expulsiones rápidas de aire.
Es muy importante el papel de los profesores en el descubrimiento
de este problema. Los niños pasan muchas horas en la escuela y a
veces son los maestros los primeros en notar esta dificultad y en
llamar la atención de los padres. El docente debe indicar a los
padres que realicen una consulta con un profesional especializado
cuanto antes. Cuando un niño tiene disfluencias atípicas "lo
peor que se puede hacer es esperar", ya que cuanto antes se
interviene desde el momento del comienzo del síntoma, mejor será
el resultado del tratamiento.
Los profesionales especializados que pueden realizar una valoración
del problema, orientar, y llevar a cabo el tratamiento de la disfemia,
son los logopedas.
¿Cómo hablar con un niño que tartamudea?
- Al hablar, emplee un ritmo lento y relajado,
pero no tan lento que resulte artificial.
- Escuche con atención lo que el niño quiere
decirle. Responda a eso y no a la forma en que lo dice.
- Conserve un contacto visual natural cuando
el niño esté hablando.
- No apresure al niño interrumpiéndolo o terminando
las palabras por él. No lo ayude completando lo que él quiere
decirle si no lo pide. No permita que otros lo hagan.
- Evite situaciones de habla estresantes.
- Haga más comentarios y menos preguntas.
- Haga las preguntas de una en una, despacio,
disminuyendo su complejidad.
- Controle la conversación si los bloqueos empiezan,
simplificando las intervenciones del niño o incluso tratando de
disminuir su participación, pero si comienza a hablar, no lo interrumpa.
- Apoye al niño en cualquier punto fuerte que
tenga y evite un exceso de críticas.
El tratamiento
El tratamiento de la disfemia varía en función de que la tartamudez
esté establecida o no.
En caso de no estar establecida, es decir, cuando el niño no sea
consciente de sus dificultades, se optará por un tratamiento orientativo
a los padres facilitándoles información y consejos sobre cómo abordar
este problema y un seguimiento. Según el caso, el tratamiento se
puede basar en el trabajo con padres, tratando de moldear aquellas
conductas perjudiciales para el niño.
Cuando la tartamudez ya está establecida, con disfluencias atípicas,
en caso de niños, se optará por una terapia integral del habla,
a través del juego, y del trabajo con padres. Siempre con un seguimiento
constante de los avances.
En caso de adultos, se interviene directamente sobre el habla,
facilitando estrategias que ayuden a controlar las disfluencias
en aquellas situaciones que le supongan un problema y aprovechando
las estrategias propias de cada uno.
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