Cuidado de los ojos
Diana Iturralde
Especialista en Oftalmología. Clínica Oftalmológica Iturralde
La vista, entre el resto de los sentidos, ha sido siempre
uno de los que más preocupación e interés ha
suscitado en la población, ya que se trata de uno de los
instrumentos más valiosos que poseemos y al que más
importancia le damos en la vida cotidiana.
Pero, ¿debemos preocuparnos por todos los síntomas
que afectan a nuestros ojos? ¿Es lo mismo que veamos que
algo nos pasa en los ojos que notar que algo le pasa a la vista?
Ésta es la pregunta más importante que deberemos hacernos,
y para eso tenemos que tener claro, antes que nada, qué claves
nos pueden ayudar a distinguir la franja que separa una patología
de poca importancia de la que realmente reviste gravedad.
El enrojecimiento ocular es la respuesta típica
a una gran cantidad de afecciones. Junto con el dolor ocular
es una llamada de atención hacia una alteración de
la superficie de nuestros ojos.
En función de los síntomas que acompañan a
un enrojecimiento deberíamos orientarnos hacia distintas
enfermedades. Es fundamental en el diagnóstico la presencia
o ausencia de dolor, ya que, patologías serias que
podrían amenazar nuestra visión son por regla general
indoloras.
Otro rasgo importante en el diagnóstico es conocer si la
afectación ocular es bilateral (lo cual
nos orientaría sobre todo hacia un proceso vírico
infeccioso) o si por el contrario se limita a un solo ojo.
En definitiva, el cuadro acompañante muchas veces, puede
ser un importante aliado a la hora de reconocer en un momento determinado
si la lesión de nuestros ojos reviste o no gravedad, para
así poner cuanto antes una solución, sobre todo cuando
ésta es urgente.
En principio, cualquier enfermedad ocular que presente los típicos
síntomas, tan frecuentes y tan molestos, como enrojecimiento
de los ojos, picor, sensación de roce, legañas que
impiden la apertura de los párpados y un cuadro de inflamación
palpebral, con o sin dolor, no debería alarmarnos, ya que,
posiblemente, sea sólo la superficie de nuestros ojos la
que se vea afectada por un problema transitorio y fácilmente
tratable.
Por ejemplo, un cuadro que empieza por un ojo y acaba afectando
al otro, sobre todo cuando existen familiares con el mismo problema,
indicaría un problema vírico contagioso que, independientemente
de que sea o no tratado, va a acabar remitiendo. Cuando ese enrojecimiento
es bilateral pero no se acompaña de legañas ni existe
un conocido afectado, sino que se presenta con un picor intenso,
frecuentemente asociado a estornudos y congestión nasal,
deberíamos sospechar un cuadro de conjuntivitis alérgica,
sobre todo si este aparece (aunque no de forma exclusiva) durante
la época de primavera. Este cuadro también es más
frecuente en aquellas personas que presentan cuadros de alergia
de base (por ejemplo frente al polen y al polvo).
Pero sería distinto si este enrojecimiento fuese casi diario
y aumentara a lo largo del día o en tareas que requieran
de una fuerte atención visual (leer, coser, trabajar con
el ordenador
) y se acompañe de una sensación
constante de "arenillas" y picor leve en uno o los dos
ojos. En este caso, posiblemente haya que descartar un cuadro de
ojo seco secundario, y atribuirlo en la mayoría de los casos
a un problema del borde de los párpados conocido como blefaritis,
y que se trata de un problema crónico leve pero muy molesto.
En este cuadro existe un exceso de secreción de grasa por
parte de las glándulas que poseemos en el borde libre palpebral,
y que consiguen que la lágrima, cuya única función
es proteger al ojo, se vuelva una potencial "enemiga",
que deja desprotegida nuestra superficie ocular. En este caso, una
adecuada higiene con jabones específicos, así como
el uso continuado de lágrimas artificiales, puede ser suficiente
para combatir un cuadro que, no por ser leve, deja de ser tremendamente
molesto.
Un problema más serio y que es necesario consultar con rapidez,
se produce cuando todos los síntomas descritos se presentan
en una persona portadora de lentes de contacto.
En estos casos, nunca deberíamos tratar los ojos sin saber
que es lo que realmente ocurre, ya que existen cuadros infecciosos
e inflamatorios graves que se pueden asociar a esta situación.
Estas breves pinceladas del mundo de la oftalmología puede
ser que nos hayan ayudado a conocer y cuidar uno de los sentidos
más valiosos de los que disponemos. Pero no deberíamos
concluir este tema sin recordar la función principal de nuestros
ojos, la vista. Por ello, es muy importante ser conscientes de que
aparte de las enfermedades de la superficie ocular que vemos diariamente,
que no suelen afectar a la visión y que por regla general
son fácilmente tratables, existen otras enfermedades que
cursan con una pérdida visual y que sí requieren una
atención urgente.
Una pérdida repentina de visión,
que normalmente sólo afecte a un ojo, y sobre todo cuando
no se acompaña de ningún otro síntoma, es un
motivo de consulta urgente que no debería demorarse bajo
ningún concepto. Cuando, por el contrario, esta pérdida
es gradual y asintomática, deberemos orientarnos
hacia algún proceso evolutivo como las cataratas, que revisten
menor gravedad, por lo que, aun siendo necesaria la consulta con
el especialista para encontrar un remedio y descartar que el proceso
degenerativo pueda estar afectando al área principal de visión
(degeneración macular asociada a la edad), no necesita realizarse
de forma urgente.
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