Tratamiento de la enfermedad de Parkinson
Mª. Rosario Luquin
Departamento de Neurología y Neurocirugía. Clínica
Universitaria de Navarra
La enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad degenerativa
del sistema nervioso central. Su substrato anatómico lo constituye
la degeneración de las neuronas pigmentadas del tronco del
encéfalo y de forma prioritaria, las neuronas dopaminérgicas
de la sustancia negra. En la actualidad no existe un tratamiento
curativo para esta entidad, por lo que los tratamientos disponibles
son puramente sintomáticos.
La levodopa sigue siendo el tratamiento más
eficaz. Desde su introducción para tratar la EP, la calidad
de vida de los pacientes ha cambiado de forma sustancial. Sin embargo,
alrededor de un 80% de los pacientes con EP desarrollan, al cabo
de entre 3 y 5 años de haber iniciado el tratamiento con
levodopa, fluctuaciones motoras y discinesias, en algunos casos
invalidantes, que merman enormemente la calidad de vida. Por ello,
en las dos últimas décadas se han desarrollado nuevos
fármacos en un intento de reducir o prevenir las fluctuaciones
motoras y discinesias que desarrollan los pacientes. La gran mayoría
de estos fármacos pertenecen al grupo de los agonistas
dopaminérgicos, fármacos que estimulan directamente
los receptores de dopamina y tienen una vida media superior a la
de la dopamina, lo que garantiza una estimulación más
prolongada de los receptores dopaminérgicos y, en consecuencia,
podría reducir las fluctuaciones motoras. Por otro lado,
al producir una estimulación dopaminérgica más
continua y por tanto más fisiológica, se cree posible
que su utilización al inicio del tratamiento de la enfermedad
podría suponer una menor incidencia de fluctuaciones y discinesias.
Estudios realizados en pacientes parkinsonianos de novo con los
diferentes agonistas dopaminérgicos que existen en el mercado
han demostrado que la incidencia de fluctuaciones y discinesias
es menor en los pacientes que reciben tratamiento con agonistas
dopaminérgicos que en aquellos tratados con levodopa. Estos
resultados, unidos a los hallazgos de PET con fluorodopa
o de DAT-scan, sugieren que los agonistas dopaminérgicos
podrían ejercer un efecto neuroprotector sobre las neuronas
dopaminérgicas todavía funcionantes. Sin embargo,
la falta de un grupo tratado con placebo y el posible efecto modular
de los agonistas o la levodopa sobre la actividad dopa-decarboxilasa
o del transportador de dopamina, dificulta enormemente la interpretación
de los resultados.
Los agonistas dopaminérgicos se clasifican de acuerdo a
su estructura molecular (ergóticos y no ergóticos)
y por su afinidad con los diferentes subtipos de receptores de dopamina
(D1, D2, D3, D4 y D5). El hecho de que el uso de agonistas
dopaminérgicos ergóticos se haya asociado
con el desarrollo de fibrosis de las válvulas cardíacas
ha llevado a considerar a los agonistas dopaminérgicos ergóticos
como fármacos de segunda opción en el tratamiento
de la EP y su uso está limitado a aquellos casos en los que
no exista una respuesta positiva a los fármacos no ergóticos.
Cuando se utilicen los agonistas dopaminérgicos ergóticos
deben realizarse controles periódicos de ecocardiografía.
Es interesante señalar que desde enero de 2007 se encuentra
disponible un nuevo agonista dopaminérgico que puede administrarse
por vía transcutánea en forma de parches transdérmicos,
lo que permite realizar una estimulación dopaminérgica
continua y evitar de ese modo la aparición de fluctuaciones
motoras o discinesias.
Otros fármacos disponibles en el mercado y con una supuesta
acción neuroprotectora la constituyen los inhibidores de
la enzima mono-aminooxidasa B (MAO-B) por su acción
antioxidante. Aunque existen numerosos estudios experimentales que
han demostrado la acción neuroprotectora de estas sustancias,
no hay evidencia clínica de que los mismos resultados puedan
obtenerse en humanos.
Una opción de tratamiento para los pacientes con EP que
no muestran una respuesta favorable al tratamiento médico
es la cirugía. Esta técnica consiste
en la colocación de dos electrodos en ambos núcleos
subtalámicos a través de los cuales se puede modificar
la frecuencia de descarga de las neuronas de este núcleo.
Estudios experimentales han demostrado que ese núcleo está
hiperfuncionante en animales con parkinsonismo, por lo que la reducción
en la frecuencia de descarga de estas neuronas se traduce en una
mejoría clínica significativa. Aunque la estimulación
cerebral profunda no modifica el curso natural de la enfermedad,
produce un aumento de calidad de vida en la mayoría de los
pacientes, que se mantiene durante al menos 10 años.
Por último, una opción de tratamiento que ha suscitado
una gran expectación entre la población de pacientes
con EP, son los trasplantes de células productoras
de dopamina, pero a día de hoy esta terapia debe considerarse
como una terapia puramente experimental. Quizás las células
madre adultas puedan ser una buena opción de tratamiento
para estos pacientes.
|