El cuidado de los mayores en verano
Dra. Ana Ruiz de Gordoa, Dra. Teresa Marcellán.
Dr. Fermín Cía
Servicio de Geriatría. Casa de Misericordia de Pamplona
La posición de la tierra respecto al sol en nuestra
latitud hace que el verano se caracterice por un aumento de la temperatura
y un incremento de las horas de luz al día. Dos características
que nos permiten modificar nuestros hábitos, favoreciendo
el desarrollo y disfrute de actividades al aire libre, siempre que
se tengan en cuentan ciertos cuidados, especialmente necesarios
en los dos extremos de la vida, la infancia y la vejez.
El verano favorece el contacto con la naturaleza y contribuye a
aumentar las actividades compartidas con toda la familia, incluyendo
abuelos y nietos. Las relaciones sociales hacen afrontar la vejez
con una actitud positiva, ayudan a mejorar la autoestima y reducen
el riesgo de presentar dependencia. Por esto, es una buena época
del año para salir de casa, conocer otros lugares y realizar
otro tipo de actividades limitadas en otras épocas del año.
Pero el calor en exceso se puede convertir en riesgo para las personas
de edad y producir problemas de salud, como insolación o
golpe de calor, deshidratación y agotamiento.
Es recomendable hacer ejercicio a primera hora de la mañana
o a última de la tarde, evitando las horas centrales
del día con máxima exposición al calor. El
mejor ejercicio es el paseo, eligiendo lugares con sombra. También
es aconsejable vestir ropa clara, ligera y que deje transpirar,
preferentemente lino y algodón.
Para mantener la casa fresca, algunos consejos
útiles son cerrar las ventanas y persianas en las horas de
máximo calor y abrirlas a última hora del día
y por la noche, que es cuando refresca. La temperatura alta en el
dormitorio dificulta la conciliación del sueño, ya
alterada de por sí en los ancianos. Si se tiene, el uso del
aire acondicionado es una buena solución, programándolo
a una temperatura no excesivamente baja, entre 22 y 24 grados.
Disfrutar del sol con seguridad
Tomar el sol puede ser muy agradable y tiene efectos beneficiosos
sobre la salud, ya que influye en la fabricación de vitamina
D, fundamental en la absorción del calcio, tan importante
para el metabolismo del hueso. Pero hay que disfrutar del
sol con total seguridad. Nos tenemos que proteger de las
radiaciones solares utilizando prendas de vestir adecuadas, como
sombreros y gorras con visera para la cabeza y gafas de sol con
cristales que absorban las radiaciones ultravioletas para los ojos.
Sobre todo, es importante la aplicación de cremas
de protección solar sobre la piel. Para que estas
cremas sean realmente útiles, es necesario aplicarlas sobre
la piel bien seca treinta minutos antes de exponerse al sol, utilizando
la cantidad suficiente para cubrir toda la superficie corporal expuesta,
sin olvidar orejas y cuero cabelludo en caso de calvicie y haciendo
hincapié en las zonas más expuestas, como cara y escote.
Escogeremos cremas con factor de protección elevado
(mayor de 20) y recordaremos que también hay que utilizarlas
en los días nublados, ya que las nubes dejan pasar parte
de las radiaciones solares.
No debemos olvidar que la acumulación de exposición
a las radiaciones solares favorece el envejecimiento precoz de la
piel, así como la aparición de lesiones cutáneas
potencialmente cancerígenas. En los últimos años
la incidencia de melanoma se ha incrementado de forma alarmante.
Hidratación y alimentación
En la época estival, tan importante como cuidar la piel
es el cuidado del interior, con una buena hidratación
y alimentación. La alimentación en verano
debe ser variada, eligiendo nutrientes fáciles de digerir
como fruta, verdura y ensaladas. Y es aconsejable consumir más
pescado que carne.
En este tiempo hay que tener especial cuidado en la manipulación
y conservación de los alimentos, por que las altas
temperaturas favorecen el desarrollo de microorganismos en ellos,
especialmente en aquellos que llevan huevo. Algunos consejos útiles
son: utilizar el frigorífico, descongelar los productos congelados
dentro de él, no consumir alimentos perecederos que estén
a temperatura ambiente y evitar ingerir alimentos en lugares de
escasa higiene.
Pero, sobre todo, cuando llega el calor adquiere importancia especial
el consumo de agua. La deshidratación es uno de los problemas
que aparece en el anciano en época estival ya que en ellos
el umbral de la sed es más alto y la sensación de
sed aparece tardíamente. Se aconseja que un anciano
beba entre uno y medio y dos litros de líquido al día
en forma de agua, zumos e infusiones.
En personas dependientes y con trastornos cognitivos
hay que estar especialmente atentos, ofreciéndoles líquidos
de forma regular. Los expertos aconsejan forzar la ingesta de agua
en estas personas sin esperar a que ellos la pidan. Si son reacios
a beber, la utilización de productos que solidifiquen el
agua, como las gelatinas, pueden ser medidas eficaces.
El agua puede ser considerada como un verdadero nutriente para
las personas mayores, sirve de transportador de sustancias y de
vehículo para excretar productos de desecho, pero sobre todo,
está involucrada en la termorregulación. La evaporación
del agua a través de la sudoración y transpiración
constituye un mecanismo regulador muy eficiente. Resulta pues imprescindible
incluir el agua en la dieta diaria.
Síntomas de alarma
Hay síntomas de alarma relacionados con el calor que en
ancianos sanos, y más aún, en los frágiles
y dependientes, requieren la valoración del personal sanitario.
Dichos síntomas de alarma son: el aumento de la temperatura
corporal de causa desconocida, el cansancio injustificado, la somnolencia,
la dificultad respiratoria, la diarrea, las caídas, etc.
Estas situaciones son de especial riesgo en ancianos que viven
solos sin contacto regular con otras personas, ya sean familiares,
vecinos o amigos. Es un deber de la sociedad y de los organismos
de asistencia detectar a estos ancianos y ayudarles en sus necesidades
básicas.
RECUERDE
- Beba agua abundante aunque no sienta sed.
- Incremente el consumo de frutas y verduras.
- Extreme las medidas higiénicas en la manipulación
de los alimentos.
- Evite la realización de esfuerzos físicos en las
horas de más calor.
- Protéjase de la exposición directa al sol.
- Utilice cremas protectoras para la piel, gafas de sol y sombrero
o visera.
- Use ropa clara, ligera y que deje transpirar.
- Permanezca el mayor tiempo posible en lugares frescos y a la
sombra.
- Disfrute al aire libre de la compañía de amigos
y familiares.
- Visite o llame a los mayores que sepa que viven solos.
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