La salud de la piel en verano
Medidas básicas de prevención y cuidado de los pies
en esta temporada
Marcos Hervella Garcés
Unidad de Dermatología. Hospital de Estella
El verano beneficia a la piel. El uso de prendas más
ligeras, así como el aumento de ejercicio físico habitual
y la realización de actividades al aire libre favorecen la
salud de nuestra piel. La época estival obliga a trabajar
más a la piel en las funciones de protección contra
las agresiones exteriores, la regulación de la temperatura
mediante la sudoración y la fabricación de vitamina
D. Por otro lado, la disminución de los niveles de estrés
y el aumento de horas de luz -antidepresivo demostrado- son factores
que ayudan a la mejora de la salud cutánea. Procesos como
la psoriasis o las dermatitis mejoran con las temperaturas más
favorables y con una ligera exposición solar.
Riesgos del verano
Otras enfermedades de la piel empeoran o aparecen en estos meses:
quemaduras solares, fotodermatitis, léntigos o manchas, lesiones
precursoras del cáncer de piel...; pero es el abuso
del sol lo que con más frecuencia pone en peligro
la salud de la piel, de modo que evitar el sol es la medida preventiva
más importante que podemos adoptar en esta temporada.
Además, la piel se expone en verano a otros muchos agentes
nocivos como son los físicos (calor, roces, abrasiones,
heridas, picaduras), químicos (irritaciones
por el cloro, las cremas de protección solar o la sal del
agua) o biológicos (infecciones diversas),
a menudo asociados a las actividades de recreo y deportivas, sobre
todo acuáticas.
Cuidados básicos
La higiene diaria es una medida preventiva esencial. El agua y
el jabón eliminan con eficacia los gérmenes y los
restos de cloro, arena y otros irritantes, pero producen sequedad
en nuestra piel, porque eliminan consigo su manto ácido,
es decir, nuestra protección natural. Por eso, el lavado
frecuente es conveniente, pero no lo es menos la aplicación
posterior de una crema hidratante adecuada al tipo de piel.
El sudor y el calor favorecen la aparición de la pitiriasis
versicolor, una dermatosis benigna y no contagiosa que es frecuente
y se manifiesta con unas manchas claras en el tronco y es típica
de jóvenes deportistas. La ropa ligera y las medidas de higiene
la previenen. Si ha padecido este cuadro en años pasados
debería además pedir consejo a su dermatólogo.
Los pies
Los pies son especialmente vulnerables en verano, porque se encuentran
expuestos a más agresiones que otras zonas de la piel. El
aumento de la actividad física como andar o practicar deporte
hace que las personas con problemas mecánicos como callosidades,
durezas o dermatosis tipo la psoriasis plantar
empeoren en esta temporada, más aún si han engordado
en los meses de invierno. Las heridas, picaduras y otras afecciones
traumáticas son muy frecuentes y se asocian casi siempre
a la falta de protección de los pies en verano, como ocurre
al caminar descalzo. Asimismo, infecciones típicamente relacionadas
con el agua, de origen fúngico (hongos, como el pie de atleta),
bacteriano o vírico (las verrugas plantares o papilomas,
por ejemplo) se contagian a través de pequeñas heridas,
resultado de esta falta de protección.
Por último, enfermedades no contagiosas como el eccema dishidrótico
o la queratolisis punteada se relacionan con el aumento de la sudoración.
Así que se aconseja llevar siempre calzado, que sea transpirable
y cómodo.
Cuidado de los pies
Como cuidado específico de los pies se recomienda el uso
de un jabón antiséptico al menos
una o dos veces al día, y preferiblemente jabones ácidos
en aquellos sujetos con exceso de sudoración. El uso de una
pequeña toalla para secar los pies por separado siempre es
adecuado. Para las personas que suden mucho y sobre todo las que
padezcan hongos u otras infecciones relacionadas existen productos
antiperspirantes, formulados en polvo, toallitas o sprays que son
muy eficaces, pues desinfectan a la vez que disminuyen la producción
de sudor.
Para todo el mundo es bueno un calzado suave, adaptado y ligero.
Las alpargatas de esparto son una opción eficaz y barata;
la última moda no es lo que prima en verano. Siempre debe
procurarse el uso del calzado como protección, por lo menos
sandalias o chancletas en vestuarios, playas y piscinas.
Como ya se ha dicho, los individuos con juanetes, psoriasis u otros
problemas mecánicos de los pies pueden sufrir auténticos
calvarios en verano, tanto por el dolor que producen como por la
aparición de grietas o fisuras, que además de molestas
son puerta de entrada de infecciones. A todas las personas, y más
a éstas, se les aconseja la aplicación frecuente de
una crema hidratante específica para los pies;
suelen ser cremas densas, parecidas en su composición a las
de manos pero con urea u otros queratolíticos, para suavizar
las durezas. El raspado con lima no está siempre indicado,
debido a que -como ocurre en la psoriasis- éste a menudo
estimula la formación de más dureza. Una visita al
podólogo antes del periodo vacacional es obligada para los
que sufren de pies problemáticos, y en ocasiones será
necesaria también la ayuda de un dermatólogo o un
ortopeda.
No está de más realizarse una autoexploración
de los pies en estos días, que nos puede permitir detectar
y poner remedio temprano a alteraciones como rozaduras, durezas
o verrugas plantares, antes de que las descubramos por las molestias
que originan. A la vez buscaremos lesiones en las uñas que
podrían ocasionar molestias a lo largo del verano y que tienen
tratamiento: uñas encarnadas o deformadas, como las que se
engrosan y toman un color blanquecino por efecto de los hongos.
Las pecas o lunares en los pies siempre deben ser vigiladas, y si
es posible valoradas por un dermatólogo, para identificar
precozmente las lesiones pigmentadas de riesgo; los melanomas de
estas zonas suelen diagnosticarse en fases avanzadas, cuando existen
pocas posibilidades de curación.
EN RESUMEN
En verano debemos extremar el cuidado de la piel, especialmente
de las zonas más sensibles. Hay que protegerse de la radiación
solar y extremar el cuidado de los pies, que se encuentran predispuestos
a infecciones y problemas como callosidades o grietas que pueden
evitarse con unas medidas sencillas. La higiene, la hidratación
frecuente con cremas específicas y la protección con
calzado ligero y cómodo permitirán a sus pies una
temporada de verano saludable.
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