Alergias otoñales
Dr. Gabriel Gastaminza
Departamento de Alergología. Clínica Universitaria
de Navarra
Cada año, cuando se acerca la primavera, los medios de
comunicación comienzan invariablemente a hablar de "las
alergias". Todos los servicios o departamentos de Alergología
del país son asediados por radios, televisiones y prensa
escrita, en busca de información sobre las enfermedades alérgicas
que resulte útil a la población. Esto se debe a que,
en general, se asocia la palabra "alergia" a "primavera",
que es la época en la que se entiende que suele aparecer
el polen.
Sin embargo, en buena parte del país, las enfermedades alérgicas
son aún más frecuentes durante el otoño. Esta
es la época del año en la que se detectan las cifras
más bajas de polen en la atmósfera. Únicamente
suelen aparecer pequeñas cantidades de polen de ciprés
que no suele causar problemas a los pacientes sensibilizados. Los
principales culpables de esta ola alérgica del otoño
son los ácaros del polvo.
Ácaros del polvo
Los ácaros son artrópodos emparentados con las arañas,
de un tamaño microscópico, aproximadamente entre 100
y 300 micras (es decir, entre una décima y una tercera parte
de un milímetro). Se han descrito más de 30.000 especies,
aunque desde el punto de vista alergénico solamente nos interesan
unas pocas. Estos ácaros que son causa frecuente de alergia
se dividen en dos grupos: aquellos que se encuentran colonizando
las viviendas (ácaros del polvo doméstico)
y los que colonizan lugares de almacén de harinas, granos
de cereales u otros alimentos (ácaros de almacenamiento).
Dentro de los ácaros del polvo doméstico, los más
habituales son el Dermatophagoides pteronyssinus y el Dermatophagoides
pharinae. El primero es el más habitual en Europa, mientras
que el segundo predomina en América aunque ambas especies
son frecuentes a ambos lados del Atlántico. De entre los
ácaros de almacenamiento, los más frecuentes son el
Lepidogliphus destructor, el Acarus siro y el Tyrophagus putrescentiae.
Como el nombre Dermatophagoides indica (proviene del griego, "que
come piel"), los ácaros se alimentan sobre todo de restos
de la piel que se nos descama continuamente, y que se va concentrando
precisamente en aquellos lugares que acumulan el polvo. Esta es
la razón por la que los ácaros se encuentran en gran
número en el colchón, almohada, las tapicerías
de los muebles, las librerías, los armarios de ropa, las
alfombras o moquetas, etcétera.
Temperatura y humedad
En realidad son unos seres bastante exigentes, y además
de alimentarse, necesitan unas condiciones determinadas para vivir:
bastante calor, por encima de 20 grados de temperatura, y mucha humedad
(porcentaje de humedad relativa de un 70%). Por debajo de una humedad
relativa de un 60% no pueden reproducirse; y mueren en pocos días
(se deshidratan) si la humedad es menor del 50%. Por este motivo los
ácaros son más abundantes en los domicilios donde hay
unas determinadas condiciones de humedad. También abundan más
en regiones con mayor pluviosidad y a nivel del mar en comparación
con la alta montaña.
Los ácaros tienen un ciclo vital que dura unos tres meses,
y pasa por distintas fases: huevo, larva, protoninfa y adulto. Durante
la fase de protoninfa son bastante resistentes a la desecación,
por lo que son responsables de los picos que se observan en la población
de ácaros cuando las condiciones climáticas son propicias.
Esto es precisamente lo que ocurre durante el otoño. Debido
a las condiciones climáticas, aumenta mucho la población
de ácaros en las casas, lo que provoca un aumento de
la cantidad de alérgenos en el domicilio del paciente, y
esto desencadena una reagudización en sus síntomas.
Los alérgenos de los ácaros están predominantemente
en sus heces, que son unas partículas muy pequeñas.
Con las turbulencias del aire se pueden difundir por el aire con
facilidad, lo que permite que entren en contacto con los ojos, la
mucosa nasal y los bronquios. Si la persona es alérgica,
aparecen los síntomas típicos de una conjuntivitis
(picor ocular, lagrimeo y enrojecimiento), una rinitis (picor, estornudos,
mucosidad acuosa, congestión nasal) o de asma bronquial (dificultad
respiratoria, junto con pitidos, ronquido y tos).
Normalmente estos síntomas se reagudizan cuando la persona
está en contacto con los ácaros, cosa que ocurre dentro
de la casa y especialmente en el momento de ir a levantarse o acostarse.
Suelen tener reagudizaciones cuando se saca de los armarios la ropa
para el otoño-invierno, o durante estancias en lugares que
no son limpiados con frecuencia (trasteros). Dependiendo del grado
de alergia y de la cantidad de ácaros que hay en el domicilio,
los síntomas pueden aparecer durante todo el año y
hacerse crónicos. De hecho, la alergia a los ácaros
es, en nuestro medio, la principal causa de asma bronquial alérgico.
Pero incluso los pacientes que sufren síntomas durante todo
el año, es habitual que empeoren en las épocas y lugares
de mayor exposición.
Difícil tratamiento
El tratamiento de esta enfermedad alérgica no es sencillo.
Resulta muy complicado eliminar completamente los ácaros
del domicilio. Es fundamental detectar aquellos factores que facilitan
especialmente el desarrollo de los ácaros para dirigir los
esfuerzos en esa línea. Por ejemplo, en el caso de que existan,
es importante solucionar las humedades en la habitación o
retirar las moquetas. Además es bueno adquirir el hábito
de hacer la limpieza con frecuencia, procurando no remover el polvo,
sino eliminarlo con una mopa o un trapo húmedo. Es mejor
utilizar un aspirador que tenga un filtro especial que retiene las
partículas del tamaño de los ácaros (filtro
HEPA). Y lo más importante, hay que aislar el colchón
y la almohada mediante cobertores específicos antiácaros,
que permiten una adecuada transpiración y, a la vez, impiden
el paso de partículas de ácaros.
A pesar de los grandes esfuerzos que hacen, muchos pacientes continúan
sufriendo los síntomas y necesitan medicación sintomática
para controlarse. En estos casos, conviene valorar la administración
de una vacuna hipoalergénica frente a los ácaros.
Este tratamiento consiste en la administración, con una frecuencia
mensual, de dosis conocidas del extracto alergénico durante
unos 3 años. El efecto de las vacunas está demostrado
por múltiples estudios y es un tratamiento aconsejado por
la OMS. Habitualmente son bien toleradas, aunque es necesario que
se administren en un centro médico ante el riesgo, poco frecuente,
de sufrir una reacción alérgica tras la administración
de una de las dosis. Sin embargo, la mayoría de los pacientes
experimentan mucha mejoría con este tratamiento, una mejoría
que además se mantiene una vez suspendida la vacuna. Pero
es muy importante que el tratamiento con una vacuna se instaure
precozmente, antes de que los años de sufrir continuos
síntomas hayan provocado alteraciones irreversibles en las
vías aéreas.
|