Cuidado de la boca de cara al frío
Francisco Cardona Tortajada
Jefe de Sección de Salud Bucodental. Servicio Navarro de
Salud-Osasunbidea.
Como dice una conocidísima canción: "el
verano acabó, el otoño duró lo que tarda en
llegar el invierno" y ya tenemos de nuevo el frío con
nosotros. Para ser sinceros del todo, el frío no abandona
nunca a los dientes y su entorno, pues cuando no se trata del frío
ambiental o meteorológico, es el frío artificial,
en bebidas y comidas que utilizamos para mitigar los calores veraniegos,
el que produce un ambiente gélido en nuestra boca.
¿Afecta el frío a la boca? Evidentemente, sí.
¿Y se puede hacer algo? Pues también, y lo mejor,
como en todo, es la prevención.
Pero vamos a intentar explicarlo desde el principio. En la boca
están los dientes, desde los incisivos hasta los molares.
Los dientes son muy sensibles, una parte importante de su interior
(como se puede ver en la foto 1, que es un diente cortado
a lo largo) es la pulpa dentaria, uno de cuyos principales componentes
es tejido nervioso, que conlleva la extremada sensibilidad y el
exquisito dolor que puede originarse en los mismos.
Como se puede ver en la misma foto, un diente sano tiene una determinada
estructura (pulpa, dentina y esmalte o cemento), que aísla
el interior del mismo, la pulpa separa "el nervio" del
exterior, en este caso del ambiente frío. Y estos dientes,
además, están asentados en el hueso y recubiertos
por la encía hasta un nivel; y también estas estructuras
ayudan a aislar el diente del exterior.
Por lo tanto, cualquier enfermedad o patología que elimine,
destruya o minimice los aislantes de la pulpa, que son todo el espesor
natural del diente y el recubrimiento externo (el hueso y la encía),
puede hacer que el frío se note en demasía, ocasionando
lo que se conoce como hipersensibilidad dental, es decir, una sensibilidad
más allá de lo normal.
Desde una cavidad cariosa (foto 2) que destruye el tejido
dentario; pasando por una atrición dental (foto 3)
que desgasta la capa externa del diente (esmalte) y deja al descubierto
una capa interna (dentina); o la abrasión en los cuellos
dentales (foto 4) que también desgasta las capas
externas (esmalte y cemento) y exterioriza la interna (dentina);
hasta una recesión gingival (foto 5) que hace que
el diente pierda la protección de la encía (y muchas
veces el hueso), y que por decirlo en un símil, el diente
esté más "desnudo" y tenga más frío.
Entonces, ¿cómo hemos de cuidar nuestra boca de cara
al frío? Pues como se puede deducir de lo anteriormente expuesto,
la mejor manera es mantener una boca sana, intentado prevenir la
enfermedad cariosa y la enfermedad periodontal, así como
el desgaste excesivo e innecesario de los dientes.
La caries es una enfermedad oral que se manifiesta en los dientes
y para prevenirla lo mejor es hacer una alimentación correcta,
sin excesivos azúcares refinados, realizar una higiene oral
adecuada (cepillando los dientes por completo, con una técnica
correcta, tres veces al día, después de cada comida),
utilizar un dentífrico fluorado (con la dosis de flúor
adecuada a la edad de cada persona) e incluso llegar a sellar los
dientes que pueden ser más proclives a sufrir esta enfermedad.
Las enfermedades periodontales afectan los tejidos que rodean al
diente (hueso y encía) y la forma idónea de prevenirlas
es realizar cotidianamente una higiene oral lo más estricta
y correcta posible, que elimine completamente todas las bacterias
que en contacto con el diente y la encía son esenciales para
que se produzcan estas patologías.
El bruxismo, el apretamiento o el rechinamiento dentario producen
un excesivo contacto dentario, que conlleva (aparte de otros problemas)
un desgaste del esmalte (capa externa del diente) y que hace que
la dentina (capa interna del diente) quede al exterior, sin la protección
adamantina.
Una técnica incorrecta de cepillado puede ser una causa
de desgaste del diente en la zona del cuello dentario, ocasionando
la desaparición del esmalte y/o del cemento (capas externas
del diente) y aflorando a la cavidad oral la dentina (capa interna).
¡Cómo no!, visitar periódicamente al dentista
para que revise la salud de nuestra boca y nos dé los consejos
adecuados para prevenir estas alteraciones es una buena y preventiva
actitud.
Y si alguna de estas enfermedades ya está presente, ya hay
molestias producidas por el frío, lo mejor es acudir directamente
a un dentista para que ponga el mejor remedio posible. Para ello
existen múltiples tratamientos, desde obturaciones para cavidades
cariosas hasta tratamientos específicos para la hipersensibilidad
dental.
En resumen, y como dice el refrán: "Más vale
prevenir que curar" y conseguir, en definitiva, que el frío
no deje huella en nuestra boca.
|