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Medicina y salud: reumatología

Revista nº 8 / noviembre - diciembre 2007 | Sumario zh8 | Artículos de medicina y salud

El frío y los huesos

Dr. Ricardo A. Gutiérrez Polo
Médico Adjunto de Reumatología. Sección de Reumatología. Hospital de Navarra. Unidad de Reumatología. Clínica San Miguel

Una de las creencias populares más enraizada es que el frío y la humedad producen reuma, afectando a los huesos y justificando los dolores reumáticos que se agudizan en otoño e invierno. Se utilizan expresiones como, “tener el frío metido en los huesos” o “me duelen los huesos del frío”. Es tal la creencia, que algunos se plantean un cambio de trabajo o, incluso, de residencia, al iniciar dolor o molestias en el aparato locomotor.

Hay que aclarar que el frío y la humedad no causan enfermedades reumáticas. Por tanto, cuando comienzan las dolencias reumáticas se debe consultar al médico para averiguar el carácter y origen del problema. Se reconoce, sin saber por qué, que estas condiciones climatológicas agravan los síntomas en bastantes enfermedades reumáticas (como artrosis, artritis, tendinitis, cervicalgia, lumbalgia, síndrome fibromiálgico…), aunque no sucede en todos los casos por igual. Todos conocemos personas que anticipan cambios climáticos, al notar una reagudización de dolencias actuales o pasadas en sus huesos, articulaciones, músculos, tendones, fascias o ligamentos.

Los procesos reumáticos acontecen todo el año y en todo el mundo, aunque en la época fría y húmeda son más frecuentes ciertas dolencias. Así, los dolores articulares y musculares, más que óseos, pueden estar asociados a infecciones respiratorias, propias de esta época, o pueden ser un efecto secundario, infrecuente, de fármacos o vacunas empleados en su tratamiento y prevención. Otros procesos reumáticos que pueden aparecer también en este tiempo son algunas artritis inflamatorias (como la artritis reumatoide, la artritis psoriásica, las espondiloartritis…); aunque la mayoría de las veces son reagudizaciones del proceso ya desarrollado, lo que puede requerir un reajuste de los tratamientos sintomáticos (analgésicos, anti-inflamatorios y corticoides). En personas mayores de sesenta años, la clínica se presenta frecuentemente de forma particular, lo que los médicos conocemos como polimialgia reumática, con dolores alrededor de hombros, caderas y cervicales, más acentuado de noche, con gran incapacidad funcional de mañana y persisten o se agravan a lo largo de semanas. A veces es un proceso aislado, pero otras es el inicio de trastornos más graves, como la arteritis de la temporal, que causa inflamación de arterias extracraneales y, en ocasiones, de arterias más profundas, pudiendo originar complicaciones como alteraciones visuales e incluso ceguera, sino se trata a tiempo y adecuadamente con dosis altas de corticoides. Es importante realizar un correcto y temprano diagnóstico de estas patologías y aplicar el tratamiento más oportuno. Hoy en día disponemos de múltiples terapias (curativas o paliativas) efectivas para recu-perar la calidad de vida en la mayoría de los casos.

En otoño las calles se trasforman por la caída de las hojas y la lluvia, y más tarde, en invierno, por la nieve y el hielo. Todas estas condiciones convierten las aceras y carreteras en pistas de patinaje, agravado muchas veces por un firme deficiente, que facilitan las caídas. Estos percances pueden producir traumatismos aparatosos y dolorosos con consecuencias graves y a veces determinantes en personas que padecen osteoporosis, como son las fracturas, que se producen en muñecas, hombros, vértebras, costillas y, las más temibles, en las caderas.

La osteoporosis altera la resistencia ósea, ocasionando unos huesos frágiles, con mayor riesgo de fracturarse ante cualquier caída, incluso en aquellas banales. Su gran prevalencia en la sociedad y las importantes consecuencias hace que se las considere un problema de salud prioritario. En su generación influyen factores genéticos y ambientales. Aparecen, frecuentemente, en mujeres posmenopáusicas y personas mayores. Las principales medidas preventivas consisten, desde la infancia, en una dieta adecuada y equilibrada, rica en calcio y vitamina D, que incluye derivados lácteos, pescados, frutas y verduras. Evitar el exceso de sal; hacer ejercicio regularmente, esto supone, andar media hora al día o por lo menos tres días por semana; alternativamente, se puede optar por hacer gimnasia en el agua o bicicleta estática, lo cual es recomendable en gente con problemas articulares en miembros inferiores o de espalda.

Además, se debe tomar el sol de forma regular, al menos quince minutos diarios, un mínimo de tres días por semana, con las precauciones debidas. El sol facilita que nuestra piel produzca vitamina D, la cual sirve para la correcta absorción de calcio y otros efectos beneficiosos sobre los huesos, músculos y el sistema inmunológico. Sin embargo, grupos de población como mujeres posmenopáusicas, los pacientes mayores e institucionalizados y en esta época, la exposición al sol puede ser insuficiente, por lo que es necesario tomar suplementos de calcio y vitamina D para conseguir unos niveles adecuados en el cuerpo. Actualmente, existen preparados en comprimidos masticables, bucodispersables, efervescentes o en sobres o ampollas bebibles. El médico decidirá los más adecuados a nuestras características, gustos y necesidades. Además, valorará la necesidad de añadir tratamientos medicamentosos que retarden la pérdida de hueso o ayuden a recuperarlo y nos facilitará medidas preventivas frente a caídas. Otro trastorno es el fenómeno de Raynaud. Consiste en cambios de color de forma episódica (palidez, amoratamiento y enrojecimiento), a veces con dolor y entumecimiento de las partes dístales del cuerpo, frecuentemente en dedos de manos, a veces en pies, orejas y punta de la nariz. Está en relación con un vasoespasmo o disminución de la circulación excesiva o mayor a la normal. Se presenta en el 5 % de la población, es más frecuente en mujeres jóvenes y en la mayoría de los casos no hay una enfermedad como tal causante. El tratamiento consiste en evitar cambios bruscos de temperatura, protegerse del frío con ropa de abrigo y evitar tóxicos vasoconstrictores, como el tabaco.

Pocas veces se requerirán medicamentos vasodilatadores por vía tópica en las partes afectas o la ingestión de otros por vía oral. Solo en ocasiones, más cuando aparece en adultos o personas mayores puede deberse a múltiples enfermedades, tanto de la sangre como vasculares y también puede ser el primer signo de un grupo de enfermedades reumáticas denominadas conectivopatías, que son procesos sistémicos inflamatorios de carácter autoinmune, como el lupus eritematoso sistémico o la esclerodermia. Su diagnóstico a tiempo es muy importante, porque pueden causar dolencias articulares y cutáneas e incluso lesionar otros órganos y sistemas del cuerpo de manera severa y grave. Su tratamiento suele ser más complejo. Esperamos que toda esta información sirva para prevenir trastornos reumáticos, pero si se produjeran, saber que siempre hay medidas terapéuticas que se pueden aplicar. Como dice el lema de la primera campaña informativa sobre enfermedades reumáticas que ha elaborado la Sociedad Española de Reumatología: “Párate ahora (para conocer las enfermedades reumáticas, su prevención y tratamiento) y podrás disfrutar siempre. ¡Muévete: visita al reumatólogo!“.


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