Incontinencia urinaria es toda pérdida involuntaria de orina. Es tan frecuente que alrededor del 50% de las mujeres padece incontinencia urinaria en algún momento de su vida y un 10% de ellas sufre pérdidas de orina significativas. Afecta a mujeres de todas las edades, condiciones socioeconómicas y razas.
Alrededor del 70% de las personas con incontinencia nunca acude a consulta y de las que lo hace la mayoría espera hasta cuatro años.
Hay tres tipos principales de incontinencia:
Edad: Es normal tener incontinencia urinaria con la edad. Hay cambios en la vejiga y en la musculatura de la pelvis que contribuyen a la aparición de incontinencia urinaria. Un 15% de las mujeres a los 35 años tienen incontinencia urinaria, aumentando hasta un 25% en mujeres hasta 55 años; un 45 % a los 65 años y hasta un 50-70% en mujeres que residen en centros geriátricos.
Embarazos y partos: Es bien conocido que la incontinencia urinaria es más frecuente entre mujeres que han tenido varios embarazos y partos, especialmente si estos han sido en edades superiores a los 30 años.
Menopausia: La incontinencia urinaria forma parte del cortejo de síntomas del aparato urinario que aparecen en la transición a la menopausia.
Deterioro funcional: Muchas mujeres experimentan incontinencia de orina en relación con la pérdida de su autonomía de movimiento, problemas neurológicos, fracturas, etc.
Deterioro cognitivo: Igualmente las pacientes con demencias seniles o estados de confusión experimentan con más frecuencia incontinencia urinaria.
Otros factores: Cirugía ginecológica previa (histerectomía), obesidad, ejercicio físico, mujeres fumadoras, etc. son otras circunstancias y factores de riesgos asociados con la incontinencia.
Actualmente existen muchas posibilidades terapéuticas que pueden resumirse en tres apartados:
El tratamiento conservador incluye modificaciones de los hábitos y conductas.
CAMBIO DE HÁBITOS
Dentro del tratamiento conservador se incluye la rehabilitación del suelo pelviano: conjunto de ejercicios (“ejercicios de Kegel”) que tienen por objetivo mejorar el tono muscular de las estructuras que sustentan la vejiga. Las técnicas de rehabilitación son muy variadas (electroestimulación, biofeedback, conos vaginales, etc.) y en manos expertas se pueden alcanzar porcentajes de éxito en torno a 60%.
El tratamiento médico incluye la toma de medicamentos anticolinérgicos que relajan la vejiga (Tolterodina, Solifenacina, Trospio, Oxibutinina, etc). También se utilizan otras medicaciones como estrógenos y algunos antidepresivos.
Ante todo, es necesario realizar un diagnóstico individualizado para conocer las alteraciones causantes de la incontinencia para indicar el mejor de los tratamientos farmacológicos.
Por último, las soluciones quirúrgicas quedan reservadas a aquellas pacientes en las que los anteriores tratamientos no han tenido resultados. Existen múltiples técnicas, varias de ellas mínimamente invasivas, entre las que destaca la colocación de una pequeña malla sintética por debajo de la uretra, a modo de cabestrillo. Se coloca a través de una pequeña incisión vaginal, con anestesia local o regional, sin necesidad de suturas y sin tensión con un postoperatorio muy rápido de apenas 24 horas y que consigue unos excelentes resultados en más de 85% de los casos.