Obesidad infantil y factores sociales

Sheila Cadena Gómez. DUE en el Hospital Miguel Servet. Beatriz Fernández Navarro. DUE en el Hospital Miguel Servet. Raquel Navarro Muñoz. DUE en el Centro de Especialidades de San José. Pilar Royán Moreno. DUE en el Centro de Salud de Parque Goya

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece la obesidad infantil como uno de los mayores problemas de salud pública del siglo XXI. En los últimos años, se ha producido un aumento de la prevalencia, algunos de los datos a nivel mundial establece que en 2013, más de 42 millones de niños, menores de cinco años, tenían sobrepeso. En España, la situación es similar. El estudio ALADINO realizado en 2015 establecía que la prevalencia en los niños y niñas de 6 a 9 años es un 41,3% de los cuales 23,2% presentaban sobrepeso y el 18,1% obesidad.

 

En relación a los hábitos de salud se estima que sólo el 34% de los niños comen dos o más raciones de verduras y hortalizas diarias y el 32% toman dulces varias veces al día. Además, más del 60% de los menores no practica ejercicio ni ningún tipo de actividad física.

¿Qué es la obesidad?

Es una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El Índice de Masa Corporal (IMC) es un indicador que se utiliza para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos, establece la relación entre el peso y la talla (Kg/m2), cuya determinación es sencilla. Sin embargo, en los niños es más complicado encontrar un parámetro simple para medirla ya que el organismo tanto de niños como de adolescentes, está en continuo desarrollo. Además, dependiendo de la edad existen diferentes métodos y patrones.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Los principales factores de riesgo que afectan a esta enfermedad son la genética y los ambientales. Respecto a la genética, hay personas que tienen una predisposición a aumentar de peso lo que se denomina genotipo susceptible. Los factores ambientales se pueden dividir en dos grandes bloques: la alimentación y el ejercicio físico.
Alimentación: el alto aporte energético que tienen algunas comidas como el abuso de los azúcares, grasas saturadas, alimentos poco saludables que conllevan un aumento del requerimiento energético de la persona, así como la forma de cocinarlas (salsas, condimentos…)
Sedentarismo: la actividad física incrementa el gasto energético, por lo que la inactividad contribuye, en gran medida, a un aumento de peso y a incrementar el riesgo de padecer obesidad y enfermedades cardiovasculares, sobre todo si se combina con la dieta.
Dentro de estos dos bloques existen factores que influyen en ambos como son los sociales (cultura, economía, educación…).

¿Cómo podemos reducir la prevalencia de esta enfermedad?

Es importante una adecuada prevención de la obesidad basada en tres pilares fundamentales:
Dieta equilibrada: reducir la ingesta calórica, fomentando una dieta rica en fruta y verdura, baja en grasas e incrementar la ingesta de líquidos.
Actividad física: incrementar el gasto energético mediante la realización de ejercicio físico.
Terapia conductual: cambiar las conductas y percepciones que se tienen respecto a los hábitos de vida saludables.
Además, hay que tener en cuenta otros aspectos de la sociedad que requieren un enfoque multidisciplinar (económico, político y social).

¿Cuáles son las consecuencias para la salud?

Es una de las enfermedades crónicas que mayor comorbilidad presenta, repercutiendo en la calidad de vida de las personas. Se pueden clasificar en mayores y menores, siendo las más frecuentes:
Mayores: Diabetes Mellitus II, síndrome de hipoventilación-obesidad, apnea del sueño, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, neoplasias, artropatía degenerativa
Menores: Reflujo gastroesofágico, colelitiasis, hígado graso, infertilidad, insuficiencia venosa, demencias, depresión.

Cambio social-alimentación: repercusión en los hábitos alimenticios infantiles

En el desarrollo de la obesidad infantil, no solo influyen los factores genéticos y los hábitos de salud, sino que son muy importantes los factores socioeconómicos, educacionales…
En este siglo se ha producido un cambio social, marcado por una crisis económica, que ha dado lugar a nuevas necesidades sociales: laborales, familiares e individuales influyendo en las pautas alimenticias. Algunos de estos cambios sociales son: el incremento de la población urbana, menor ejercicio físico por el aumento de los servicios terciarios, la incorporación de todos los miembros de la familia al mercado laboral…Este último hecho ha cambiado la estructura familiar y la gestión del hogar, afectando en la compra de los alimentos y en su preparación, lo que ha aumentado el consumo de alimentos hipercalóricos. Por otro lado, se ha incrementado el número de niños que se quedan en los comedores escolares, por lo que hay que tener en cuenta que los menús que ofertados tengan un aporte y distribución calórica compensada con las necesidades de los niños según las distintas edades. En la actualidad, los comedores de línea fría ofrecen menús poco variados, repetitivos lo que hace difícil compensar los déficits en el hogar, sobre todo en las cenas y los fines de semana, por lo que es necesario una buena coordinación y educación entre los centros escolares y las familias para establecer unos correctos hábitos alimenticios.
Otro aspecto importante, es el desarrollo de la industria, en concreto del marketing. La publicidad, muchas veces va dirigida a fomentar el consumo de ciertos alimentos: comida rápida, malsana y bebidas azucaradas o carbonatadas, entre la población infantil para aumentar las ventas sin tener en cuenta la repercusión, utilizando métodos como la recompensa, basando la elección del producto en el incentivo (juguetes…) y no en las propiedades nutritivas del mismo . Según diversos estudios, entre el 16-40% de la obesidad infantil podría ser explicada por la publicidad en la televisión, donde algunos de los anuncios emitidos o iban destinados a la alimentación o no incluyeron las propiedades nutritivas de sus productos.
Por otro lado, la crisis económica ha afectado, en gran medida, a las familias con menor poder adquisitivo, influyendo de forma negativa en la dieta de los niños, aumentando el consumo de la comida “rápida” por la comodidad que supone para los padres que trabajan y por su bajo coste.

¿Cuáles son las recomendaciones de la OMS para acabar con la obesidad infantil?

En resumen, proponen mediante la aplicación de programas integrales:
• Promover el consumo de alimentos saludables.
• Promover la actividad física, reduciendo el sedentarismo.
• Atención para orientación de la prevención: antes, durante y después del embarazo.
• Dieta, pautas de sueño y actividad física en la primera infancia.
• La salud, la nutrición y la actividad física para los niños en edad escolar.
• Control de peso.

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