Acompañar al enfermo necesitado mayor


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El voluntariado del Hospital de Navarra lleva casi diez años realizando tareas de acompañamiento a los enfermos que se encuentran solos, bien por estar lejos de su casa o por carecer de recursos familiares. Abierto a todo aquel que quiera reservar al menos dos horas libres a la semana para combatir la soledad de los enfermos, en la actualidad está formado por algo más de 60 personas, desde amas de casa hasta trabajadores en activo, pasando por estudiantes y jubilados.

La iniciativa, recuerda Teresa Urío, secretaria del Voluntariado del Hospital de Navarra, surgió en 1998, al constatar que ingresaban en Urgencias personas que no tenían familia, como los transeúntes o los enfermos que se encontraban lejos de los suyos, lo que provocaba que una vez que eran trasladados a planta estuvieran sin compañía durante toda su estancia en el centro. Ante esta situación, varios profesionales del Hospital se sumaron para compartir esta inquietud y llevar a cabo este proyecto que salió a la luz en el año 1999. Por su parte, el Hospital de Navarra apoyó la iniciativa acogiendo y financiando las necesidades de local y gastos administración. Asimismo, el voluntariado recibe una pequeña subvención de Bienestar Social, que se emplea para los gastos derivados de la formación de los voluntarios. El proyecto contó con la colaboración de las Hermanas de la Caridad, quienes siguen en la actualidad apoyando la acción del voluntariado, una asociación sin ánimo de lucro que, en 2009, cumple su décimo aniversario.

Sesenta voluntarios

Actualmente, el voluntariado está compuesto por 60 personas con diferentes ocupaciones: amas de casa, trabajadores en activo, jubilados y estudiantes; y está dirigido por un equipo coordinador de 8 voluntarias, entre las que hay personal sanitario. Su función principal, según explica Tere Urío, una de las fundadoras del Voluntariado junto con Sor Victoria, considerada “el alma del voluntariado”, es acompañar al enfermo y colaborar en el proceso de curación.

Al menos dos horas a la semana

Los voluntarios dedican un mínimo de 2 horas libres un día a la semana, aunque algunos repiten dos y hasta tres días a la semana. Según explica Urío, el voluntario se compromete a reservar un mínimo de al menos dos horas semanales, que es la duración mínima de cada visita de acompañamiento al enfermo necesitado. El voluntario sólo acude al centro hospitalario si su presencia es necesaria y ha sido requerida. Con antelación suficiente, desde la coordinación del voluntariado, se le comunica el día, la hora y el enfermo al que hay que prestar servicio de acompañamiento. “Las necesidades varían cada semana, en función del número de enfermos y de otros factores”, explica Urío.

En la actualidad, se tiende a que las estancias hospitalarias sean cortas, por lo que es habitual que el voluntario se encuentre cada semana con una persona distinta. “Así no te enganchas con ningún enfermo”, afirma Tere. Desde el equipo coordinador del Voluntariado se hace una valoración de la situación del enfermo, aunque a veces esta valoración viene ya dada por Trabajo Social, cuya colaboración es importante. Desde Coordinación se programa la asistencia del voluntario en horario de mañana o de tarde según la situación o necesidad del paciente: “Para cuando un voluntario viene a prestar su servicio, está todo acordado con el enfermo, la familia si la tiene y el personal sanitario. Las peticiones llegan al servicio de voluntariado a través de las enfermeras, del trabajador social, o del propio enfermo”, explica Urío.

Formación

El voluntario cuenta con una formación inicial, sobre su papel dentro del proceso de curación del enfermo y su relación con el personal sanitario y el enfermo, su situación dentro del hospital, el protocolo de actuación, la confidencialidad, el respeto al silencio del enfermo y otros puntos clave que le capacitan para prestar su servicio de manera adecuada y sin interferir con el proceso sanitario. Además, cuenta con una formación continuada, impartida de forma mensual por diferentes especialistas del propio Hospital. Esta formación es obligatoria, y en palabras de María José Etayo, que lleva un año prestando servicio como voluntaria, “muy necesaria. Hasta aquí te trae la buena voluntad –afirma la voluntaria- pero luego tienes que saber como actuar, como escuchar, respetar el silencio del enfermo”.

Y continúa: “El resultado es muy satisfactorio. Aunque no lo haces por eso. Vienes aquí por el enfermo”, explica Etayo, que se inició como voluntaria por recomendación de una amiga, también voluntaria. “Recibes más de lo que das. Tu vida mejora, sientes más ilusión por lo que les pasa a los demás. Das un cariño que el enfermo está demandando, y le proporciona salud en el día a día. Te da una mayor amplitud de miras, generosidad, abrirte a los demás, salirte de ti mismo y tus necesidades, darte al otro”, explica.

Sin funciones sanitarias

Los voluntarios no realizan ningún tipo de tarea sanitaria, ni trabajos propios de los empleados del hospital, como auxiliares de enfermería, celadores o servicio de limpieza: “No hacen nada que esté remunerado en el hospital”, puntualiza Asun Elizalde, encargada de la acogida y formación de los voluntarios: “Solo acompañamiento”, señala.

 

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