Anatomía y función renal

Fernández Lorente L., Izquierdo Bautista D., Castaño Bilbao I, Carmona Lorusso O. Servicio Nefrología. Complejo Hospitalario de Navarra

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La enfermedad renal es una patología con incidencia creciente en nuestra sociedad, y que se asocia a complicaciones cardiovasculares y a una mayor mortalidad.

Quizás, el envejecimiento de la población pueda explicar este hecho, así como el aumento de la prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, especialmente la Diabetes tipo 2. El conocimiento de la estructura renal y de su fisiopatología nos ayuda a comprender las características y síntomas del enfermo en el que este órgano falla.
El riñón es un órgano par, de situación retroperitoneal, situado en la parte posterior del abdomen, a ambos lados de la columna vertebral, teniendo el derecho una posición más caudal que el izquierdo. En los humanos el tamaño aproximado es de 11-12 cm de diámetro. Podemos distinguir dos regiones: una interna (médula), donde se encuentran las pirámides renales cuyo vértice forma la papila que se une a la pelvis renal y cuya base está situada en el límite córtico- renal; y otra más externa (corteza) en la que se encuentra la mayor parte de las nefronas (ver figura 1).

Anatomia

Figura 1. Anatomía renal
La nefrona es la unidad funcional del riñón. Cada uno de los dos riñones posee aproximadamente de 0,4- 1,2 millones de éstas. La nefrona se compone de un glomérulo, que es una estructura con forma de ovillo capilar en la que se produce la orina mediante un proceso de filtración, y de un sistema tubular donde acaba de concentrarse la orina. En los glomérulos se forma una gran cantidad de ultrafiltrado del plasma, por un proceso físico. Requiere un gran aporte de sangre . De esta forma, sabemos que el riñón humano normal es el órgano más vascularizado del cuerpo, recibiendo un total sanguíneo de 1,2 litros/ minuto lo que supone un total de 72 L de sangre cada hora. De esta enorme cantidad de sangre, únicamente se produce aproximadamente 1-2 L de orina al día, con grandes variaciones que pueden ir de 0,5 a 20 litros al día. Esto se va a conseguir a través de un complejo proceso de concentración y dilución del líquido filtrado a nivel del glomérulo, que va a dar lugar a la orina definitiva.

Estructura

¿ Qúe funciones tiene el riñón?

Se pueden resumir en tres grandes grupos:
1. Función excretora.
El riñón se encarga de eliminar los productos de desecho del metabolismo nitrogenado, como la urea y el ácido úrico. Para ello, recurre a mecanismos de concentrar y diluir la orina.
2. Regulación de agua y sal del organismo.
El riñón se encarga del control del agua y de la sal del organismo, fundamental para el control del volumen sanguíneo, el gasto cardíaco y la tensión arterial. La regulación del metabolismo del agua y de la sal, así como del potasio y magnesio, y del equilibrio ácido-base, hacen del riñon un importante órgano metabólico.Por este motivo, la insuficiencia renal se asocia habitualmente a retención hidro-salina e hipertensión.
3. Función hormonal.
Por otro lado, en el riñón se sintetizan algunas hormonas o precursores que desempeñan un papel importante a nivel cardiovascular y óseo, como son la eritropoyetina y la vitamina D. La eritropoyetina es una hormona cuya función principal es el estímulo para la producción de eritrocitos en la médula ósea. La vitamina D es esencial para mantener el equilibrio óseo- mineral en el organismo. Por este motivo, el paciente con insuficiencia renal crónica tendrá frecuentemente asociada anemia y alteraciones en el metabolismo óseo- mineral favoreciendo ambos el riesgo cardio-vascular.

¿Qué síntomas provoca la enfermedad renal?

La enfermedad renal puede provocar síntomas en diferentes aparatos y sistemas fundamentalmente por acúmulo de toxinas urémicas y por alteraciones hidro- electrolíticas. Algunos de los más característicos son:
• Sistema nervioso: encefalopatía urémica, polineuropatía periférica y neuropatía autonómica.
• Sistema hematológico: anemia, disfunción plaquetaria y déficit inmunitario.
• Aparato cardiovascular: Hipertensión, insuficiencia cardíaca, arritmias y angina de pecho.
• Aparato digestivo: anorexia, náuseas y vómitos. Disgeusia.
• Aparato locomotor: calambres, dolores óseos y musculares, trastornos del crecimiento, prurito.
• Sistema endocrino: dislipemia, hiperuricemia, hiperinsulinemia, alteraciones de la función sexual y reproductora.
• Trastornos hidro-elctrolíticos y del equilibrio ácido-base: hiperpotasemia, hiperfosfatemia, hipocalcemia, hipermagnesemia, acidosis metabólica, hiponatremia.
Es frecuente que el paciente con insuficiencia renal crónica, especialmente en los estadíos iniciales, esté asintomático ya que el establecimiento del daño renal es progresivo y el organismo es capaz de “acomodarse”. En el paciente agudo son más frecuentes los síntomas, en especial los trastornos hidro- electrolíticos y sus consecuencias como las arrítmias, la hipertensión e insuficiencia cardíaca.

¿Cómo se puede detectar de forma precoz la enfermedad renal?

Es importante remarcar que la insuficiencia renal habitualmente no produce síntomas relevantes de forma inicial, sino cuando está muy evolucionada o es de instauración aguda. Por este motivo, es probable que simplemente analizando la presencia de síntomas no sea fácil su diagnóstico.
Para la correcta evaluación nefrológica de un paciente es básica la historia clínica. La historia familiar de enfermedades renales. La presencia de Diabetes Mellitus e HTA. La historia de litiasis renal. Los antecedentes de cirugía previa. La ingesta de tóxicos renales como los antiinflmatorios no esteroideos o algunos analgesicos a dosis elevadas. Algunos antecedentes relevantes como la presencia de enfermedades autoinmunes (como el lupus, artritis reumatoide, tiroiditis y otras), pueden ser claves en el diagnóstico de la patología renal, o influir en su desarrollo. Además, una correcta exploración física es fundamental para la detección de signos relacionados: ver el estado de hidratación del paciente, la coloración muco- cutánea, la presencia de alteraciones a nivel neurológico, la presencia de roce pericárdico a la auscultación, etc. El aspecto de la orina, la presencia de hematuria o de “orina espumosa”, (característica de la eliminación de proteínas) también pueden orientarnos.
Para la evaluación inicial de la función renal es precisa una analítica de sangre y de orina. Es muy importante disponer de analíticas previas siempre que sea posible a la hora de valorar la cronicidad de una situación. En sangre nos son útiles la determinación de urea y creatinina, así como la cistatina C. El filtrado glomerular en un individuo adulto es mayor de 60 ml/min. Por debajo de este valor, el paciente consideramos presenta insuficiencia renal. En orina nos son útiles la determinación de proteinas y de sangre en orina. El estudio del sedimento de orina en ocasiones es diagnóstico. El screening analítico de rutina en la población general no está indicado, pero sí en los pacientes de riesgo (diabéticos, ancianos, hipertensos, pacientes con antecedentes familiares de enfermedad renal.

¿Cómo puede prevenirse la enfermedad renal en la población?

La hipertensión arterial constituye además de un factor de riesgo vascular, el principal actor en la progresión de la mayor parte de nefropatías.
Es muy importante controlar la presión arterial para endentecer la progresión de múltiples nefropatías. Hay remarcar la importancia del control de los factores de riesgo cardiovascular clásicos y de los hábitos de vida saludables (ejercicio físico y dieta equilibrada) para la prevención de la enfermedad renal.

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