Comportamiento sexual adolescente: Diez consideraciones sobre los riesgos de salud


José Luis Garcia . Doctor en Psicología y especialista en Sexología del Servicio Navarro de Salud, (CAM de Iturrama) Satur Napal Lecumberri . Urólogo del Complejo Hospitalario de Navarra

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La adolescencia es una etapa de cambios extraordinarios y significativos, de muy diferente naturaleza, que facilitan unas condiciones en las que nuestros jóvenes tienden a experimentarse más riesgos y, por consiguiente, se dan situaciones de mayor “peligro” que en otros momentos de la vida. En la sociedad actual estos riesgos se multiplican debido a los cambios sociales, espectaculares sin duda, acontecidos en las tres últimas décadas. En el caso de los jóvenes, los cambios afectivos y los referidos a sus conductas sexuales tienen una especial significación en esta etapa evolutiva.

Por ejemplo el caso de una chica enamorada que se contagió una infección sexual de su enamorado, porque éste le pedía no usar el condón y ella, por el amor que sentía, no podía resistirse a sus demandas. O aquella con problemas en su autoestima corporal que aceptaba propuestas sexuales para sentirse valorada. También la que hace lo que sea menester con tal de no sentirse distinta en su grupo de amigas que le presiona extraordinariamente. Hay otros muchos factores a tener en cuenta, como por ejemplo: la alta motivación por buscar y experimentar nuevas experiencias, considerarse invulnerable, “querer las cosas ya” o hacerlas tal y como las piensan, es decir pasar del pensamiento a la acción sin evaluar los costes de tal comportamiento.

Por tanto una buena parte de jóvenes restarían importancia a la posibilidad de que pudieran contagiarse una infección sexual o un embarazo no deseado, por lo que tenderían a utilizar menos el condón y a no importarle tener varias parejas sexuales.

Estas circunstancias constituyen una seña de identidad y de autoafirmación, por lo que, a tenor de su relevancia, no considerarlas podría poner en cuestión la eficacia de determinados programas educativos y de prevención de riesgos.

Riesgos afectivos y sexuales

Dicho esto, consideramos que una buena parte de nuestros jóvenes no están adecuadamente capacitados para afrontar de manera positiva los riesgos afectivos y sexuales que, inevitablemente, van a tener en su vida y en la sociedad en la que les ha tocado vivir. Y ello en base a las siguientes consideraciones:

1. Nos guste o no, estemos de acuerdo o en desacuerdo, en el momento actual nuestros jóvenes navarros tienen más relaciones sexuales, cada vez más pronto y con más personas y, además, por encima de la media nacional. Este hecho afecta a chicos y chicas, si bien las vivencias y las consecuencias se perciben de manera distinta según el sexo. De hecho está aumentando una patología emocional que provoca un gran sufrimiento en algunas chicas y que se caracteriza por un poderoso “enganche afectivo “, dada su dificultad para separar los afectos de la actividad sexual, circunstancia esta que no parece observarse con tanta claridad en los chicos.

2. En general estas relaciones sexuales suelen hacerse en condiciones poco adecuadas, tanto de actitudes y expectativas previas, como de espacios y de intimidad, siendo usual consumir sustancias estimulantes. Incluso nos encontramos cada vez más, con jóvenes que toman estimulantes sexuales concretos cuando han ligado, -“ para dar la talla” y no desaprovechar la oportunidaddespués de toda una noche de consumo de alcohol y drogas.

3. La inmensa mayoría de los estudios e investigaciones disponibles resaltan la asociación entre estas primeras relaciones sexuales y el incremento de embarazos no deseados, aumento de la ingesta de píldora postcoital, contagios de infecciones sexuales y aumento de patología en conducta sexual y disfunciones sexuales.

4. Vivimos en una sociedad cada vez más erotizada, donde la sexualidad comercial está omnipresente. Con Internet, la pornografía mas sofisticada ha entrado en todos los hogares y está accesible a cualquiera sin ningún tipo de control. Los Chat y las redes sociales han provocado cambios extraordinarios en las relaciones y en las costumbres sexuales sociales en particular de los adolescentes.

5. Si un joven ha visto únicamente películas de conducta sexual de carácter pornográfico, lo normal es que piense que las relaciones sexuales son así y que, en su primera relación, cabe esperar que el se comporte de una manera similar. ¿Que qué espera? En general y en síntesis: tener una erección descomunal y duradera, imponerle a ella una felación, pasar al coito vaginal inmediatamente, coito que cree que ella está deseando desesperadamente, que está a su total disposición y que para entonces ella ya ha tenido 3 o 4 orgasmos, luego coito anal y finalmente eyacular en la boca de ella, ansiosa por tragarse su semen y decirle lo bien que se lo ha hecho. El guión estándar de una “peli” porno, vaya.
Sin embargo, la realidad no tiene absolutamente nada que ver con ese guión por lo que estas primeras relaciones suelen resultar esencialmente frustrantes. Cada vez hay más consumo de estos modelos y en no pocos casos una cierta adicción. Nuestros jóvenes son grandes consumidores de estas nuevas propuestas y nada podemos hacer por controlar el mercado de la pornografía.
Probablemente lo único que podemos hacer sea capacitarles para que controlen su consumo. Esto no se hace y las consecuencias para el futuro pueden ser dramáticas, circunstancia esta que debería preocupar muy seriamente a las agencias educativas que, en los últimos años, están dando muestras de una dejación absoluta en las cuestiones referidas a la educación sexual. La crisis económica ha hecho que los apoyos a las intervenciones educativas en esta área sean los primeros en desaparecer.

6. Los datos disponibles indican que en la mayoría de las familia y de los centros educativos no se abordan estas cuestiones de manera adecuada. Sabemos que, en las familias, dos de los temas que menos se plantean son el sexo y el consumo de alcohol y de sustancias estimulantes. Justo los dos en los que mayor necesidad hay.

7. Hay un acuerdo generalizado entre los especialistas en salud del adolescente en destacar la asociación que existe entre el consumo de drogas, el alcohol (ambos consumos extraordinariamente importantes e imparables) y las relaciones sexuales de riesgo.

8. Observamos en algunos sectores de jóvenes una presión extraordinaria del grupo, siendo un elemento poderoso a la hora de iniciar relaciones afectivas y relaciones sexuales. Los jóvenes con baja autoestima y falta de habilidades sociales son más vulnerables.

9. Los jóvenes tienen ganas, tienen deseos, tienen hormonas, se apasionan, se excitan, se enamoran y el sexo les atrae con una intensidad y características que no van a tener nunca más en su vida.

10. Una parte importante de los jóvenes no disponen de los recursos necesarios (informativos, formativos, habilidades…etc.) para afrontar positivamente las situaciones de riesgo que, en su vida cotidiana de manera inevitable, van a derivarse de sus primeras relaciones afectivosexuales. Por otra parte no puede decirse que, estas primeras relaciones para muchos de ellos/as, sean una experiencia gratificante, que disfruten de una manera saludable, que sea resultado de una decisión libre y que las tengan en las condiciones más adecuadas.

Ofrecer programas de eduación sexual

Por lo dicho se hace preciso ofrecer programas ambiciosos de educación sexual, sistemáticos, que vayan más allá de la información y que incluyan el abordaje de determinadas actitudes, valores y conductas. La paella no es solo el arroz. Los jóvenes necesitan una capacitación específica, que incluya unas pautas concretas, explicitas, más adecuadas y que contrasten con las que ya tienen ellos/ as,- repetimos: que ya tienen- facilitándoles una visión más saludable de su vida sexual y afectiva. De no hacerlo, es muy probable que asistamos a unas próximas generaciones a las que, su vida afectiva y sexual, les provocará grandes sufrimientos.