Enfermedades infantiles en el aula

Dr. Javier Berraondo Belzunegui

Pediatra
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Con la llegada de septiembre termina el periodo de vacaciones estivales para los niños y es el momento de volver al colegio, donde se van a reencontrar con viejos amigos que dejaron al final de curso pasado, pero también con otros elementos desagradables que esperan ávidamente el momento de comenzar de nuevo a hacer de las suyas. Me refiero a ese ejército de virus y gérmenes bacterianos que aprovechan el clima templado con variaciones térmicas propio del otoño y el contacto entre los alumnos en recintos cerrados.

Esto se va a traducir, tras la bonanza médica veraniega, en el inicio de una serie de procesos infecciosos de distinta índole que van a afectar a la salud del niño y van a incidir en la vida cotidiana de muchas familias, pero sobre todo de aquellas en las que los dos cónyuges trabajan y tienen que dejar a los niños bastantes horas en colegios y guarderías.

A partir de ahora los niños van a comenzar a padecer diferentes patologías que van a afectar a distintos aparatos, produciendo diversos síntomas dependiendo de la localización y del tipo de germen causante de la enfermedad. Así, serán frecuentes las gastroenteritis por virus con fiebre, vómitos y diarreas; bronquiolitis en lactantes, con fiebre, tos y dificultad respiratoria;infecciones respiratorias de las vías altas y bajas tales como resfriados comunes con mocos y congestión nasal, faringitis y amigdalitis con dolor de garganta al tragar, laringitis con esa tos ronca característica y afonía; otitis, con otalgia y a veces supuración ótica; bronquitis con tos, fiebre y expectoración; y, en ocasiones, neumonías con tos, dolor torácico y picos febriles.

También aumentan las infecciones urinarias, bien cistitis o pielonefritis. Nos encontramos con casos de varicela en las fases epidémicas y con otras enfermedades exantemáticas causadas por diferentes virus; pero muchas otras veces tendremos la fiebre sin foco o viremia, siendo ésta el único síntoma de la enfermedad. Un porcentaje muy alto de estos procesos serán producidos por virus, con lo cual no será necesario el uso de antibióticos. Otros cuadros producidos por bacterias, por ejemplo amidgalitis, otitis, neumonias, piolonefritis… sí precisarán el uso de ellos. De esto se encargará el pediatra cuando haga el diagnóstico.

“No es conveniente llevar al pediatra al niño en cuanto le notemos fiebre sin otros síntomas”.

La característica común en el inicio de todos estos procesos será la fiebre que tanto preocupa a los padres. En esta fase de la vida el sistema regulador de la temperatura corporal está inmaduro y por eso es frecuente que se dispare la subida de la fiebre. Tendremos que valorar a la vez la afectación del estado general para catalogar la gravedad del caso. Si la fiebre remite bien con antitérmicos y el estado general es bueno en los intervalos, no daremos tanta importancia al termómetro. La fiebre es el primer síntoma de inicio que aparece en todos estos procesos y los demás síntomas tardan unos días en manifestarse. Por eso, no es conveniente llevar al pediatra al niño en cuanto le notemos fiebre sin otros síntomas, porque el médico no tendrá argumentos para el diagnóstico, y tendremos que volver en unos días, cuando la enfermedad haya desarrollado otros síntomas.

Otra característica del niño es que su sistema inmunitario es también inmaduro en los primeros años. Cuando pasa una enfermedad no producirá suficientes anticuerpos como para inmunizarse contra ese germen, por lo que podrá seguir pasando episodios repetitivos de la misma entidad. A partir del segundo año de vida se irá incrementando la madurez del sistema poco a poco hasta que a partir del quinto o sexto año notaremos una disminución apreciable de los cuadros infecciosos de los niños, que ya habrán conseguido inmunizarse contra muchos de ellos.

En el momento actual la mejor manera que tenemos de luchar contra estas enfermedades es a través de la protección vacunal. Prácticamente, todos están vacunados según el calendario vacunal oficial. Actualmente también existe una vacuna contra el neumococo -que puede producir un tipo de meningitis- y está a punto de aparecer en el mercado una vacuna oral contra el rotavirus causante de la gastroenteritis de los lactantes. Estas vacunas no están financiadas, pero mi consejo es aplicarlas a todos los niños para que así estén inmunizados contra estas enfermedades.

 

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