Ictus: vuelta a casa tras la hospitalización

Susana Clemos Matamoros. F.E.A. Medicina Interna. Hospital Reina Sofía. Tudela

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Después de un ictus, un tercio de las personas tienen una recuperación satisfactoria, carente de secuelas, otro tercio queda con secuelas graves y el otro tercio de los ictus son fatales. La tercera parte de los fallecimientos ocurre durante el ingreso hospitalario, y el resto, en los meses siguientes.

El principal factor que determina el alcance de las secuelas posteriores a un ictus es su gravedad inicial, que está relacionado con el tamaño de la arteria ocluida y del área del cerebro lesionada.
Otro de los factores principales es la edad del paciente ya que las personas mayores tienen una capacidad limitada de recuperación y con frecuencia tienen otras enfermedades que pueden complicar la evolución después del ictus.
De todas formas es más importante la edad biológica que la cronológica, es decir, una salud previa buena favorece la recuperación del ictus con independencia de la edad del paciente.
Las personas que han tenido un ictus pueden padecer algunas complicaciones y secuelas que van a condicionar un cambio de vida para el que hay que estar preparados para poder actuar en consecuencia.

1.- Pérdida de fuerza, falta de coordinación o pérdida del control de movimiento

Es una discapacidad secundaria que tiende a mejorar durante los primeros 6 meses, aunque es posible que, a pesar de la rehabilitación, la recuperación no sea completa.

2.- Propensión a caerse

Se aconseja ejercitar y fortalecer la musculatura y entrenar el equilibrio. También es importante identificar y modificar aquellos aspectos del hogar que puedan suponer un mayor riesgo de caídas: retirar alfombras, utilizar sillas en la bañera o en la ducha, usar asideros y utilizar zapatos con suela antideslizante.

3.- Trastornos visuales

La dificultad para visualizar la mitad del campo visual, o hemianopsia, a veces pasa desapercibida para el paciente, y los cuidadores pueden ayudarle recordando al paciente que mire hacia el lado enfermo, ya que, con un poco de entrenamiento, esta dificultad puede compensarse muy bien simplemente girando la cabeza para mirar hacia el campo ciego, el lado afectado.

4.- Trastorno en el lenguaje

Alrededor de una cuarta parte de los pacientes que han sufrido un ictus presentan diferentes grados de dificultad para comunicarse o afasia. La afasia es la pérdida de la capacidad de producir o comprender lenguaje debido a una lesión cerebral.

¿Qué no debe hacerse?

• Hablarle deprisa, a gritos o en tono enfado.
• Actuar como si le hubiéramos entendido.
• Hablar del paciente como si no estuviera presente.
• Tratar al paciente de forma autoritaria o como si fuera un niño.
• Confundir el problema del lenguaje con una demencia. El problema reside en la capacidad para hablar, no en su inteligencia.

Consejos de actuación

• Hablar lentamente y vocalizando bien.
• Usar frases sencillas, cortas y claras, y que digan una sola idea.
• Hablar cara a cara acompañando las frases con gestos simples.
• Señalar los objetos que se nombran o imitar acciones con mímica.
• Reconocer todo esfuerzo por comunicarse, aún cuando cometan errores.
• Es preferible ayudar al paciente a decir lo que quiere, que intentar adivinarlo.
• Decirle la primera letra puede facilitar que pronuncie la palabra completa.

5.- Espasticidad

Consiste en una contracción permanente de ciertos músculos. Esto puede ocasionar rigidez, dolor, contracturas y dificultad en algunos movimientos. Para prevenir la rigidez articular se moverán todas las articulaciones de las extremidades afectadas por el ictus varias veces cada día, ya sea con la ayuda de un familiar o el propio afectado por su cuenta (automovilizaciones).
En algunos casos, también será necesario el uso de ciertos aparatos, para evitar las deformidades, como ortesis en el brazo y mano, o férulas en la pierna y pie, para lo que recibirá el consejo del médico rehabilitador.

6.- Trastorno de la sensibilidad

Se manifiesta como hormigueo, sensaciones desagradables o falta de sensibilidad al tacto. Se debe ser especialmente cuidadoso con las extremidades que han perdido fuerza, especialmente si se ha perdido también la sensibilidad de esa parte del cuerpo, ya que pueden producirse heridas o quemaduras sin que la persona se de cuenta.

7.- Dolor superficial

Provoca una sensación de quemazón o pinchazo que empeora con el tacto, el agua o los movimientos y que se conoce como dolor central. Algunos antidepresivos y anticonvulsivantes son eficaces para controlar este tipo de dolor. Las personas que han sufrido un ictus también pueden tener dolor de hombro del brazo paralizado. Durante los episodios de dolor puede utilizarse algún analgésico simple, pero si el dolor persiste se debe consultar con el especialista.

8.- Disfagia o dificultad para tragar

Para ayudar al paciente con disfagia se puede modificar la dieta, la textura de la misma o, si fuese necesario, utilizar técnicas de alimentación seguras.

9.- Incontinencia urinaria

Suele ser una afectación transitoria, aunque puede perdurar en pacientes con secuelas importantes. Si en el momento del alta aún persisten los problemas, es importante consultar con los profesionales sanitarios acerca del tratamiento y manejo de la incontinencia.

10.- Alteraciones del estado de ánimo durante la convalecencia, la rehabilitación e incluso una vez superado

Depresión, apatía, irritabilidad o labilidad emocional (pasar del llanto a la risa sin motivo, llorar o reírse sin causa aparente) son secuelas del ictus. Es importante que el paciente exprese como se siente.
En cualquier caso, si se piensa que la persona presenta alguna alteración del estado de ánimo se debe consultar con los profesionales sanitarios.

11.- Deterioro cognitivo (disminución de la memoria, atención, orientación, dificultad en la planificación y organización en las tareas)

Aunque este deterioro puede mejorar con el tiempo, en los casos en los que afecte a la recuperación, es probable que se necesite consultar con un especialista.

¿Cómo podemos ayudarle?
• Colocarnos del lado del cuerpo que el paciente tenga afectado para estimularlo, haciendo descansos para no fatigarlo.
• Ponerle la radio y la televisión, asi como leerle el periódico.
• Hágale partícipe de las conversaciones.
• Utilice álbumes de fotos para que señale, nombre o reaccione ante la imagen.

No todos los pacientes se recuperan del todo. El tiempo y tipo de rehabilitación (fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia u otros) que requiere un paciente varía en función de la edad y de los objetivos.
Es muy importante que el cuidador no sobreproteja al paciente y que le ayude sólo en aquello que el paciente no pueda hacer. En la medida que el paciente se implique más en la realización de las actividades básicas de la vida diaria, más estimulamos su autonomía personal.

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