Socioacusia, el ruido que ya no escuchamos

Centro Navarro de la Audición

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La socioacusia es la exposición habitual al ruido de las ciudades, como el tráfico rodado, un ruido al que nuestro intelecto se ha adaptado y que casi no escuchamos, pero que nos afecta a todos los niveles y nos provoca todo tipo de problemas, desde estrés hasta dolores de cabeza. Un consejo: en vacaciones intente encontrar el silencio.

El ruido por definición es “un sonido inarticulado que resulta desagradable”. Nos ha tocado vivir una era social que tiene mucho ruido. Y lo malo es que los sonidos, cuya definición es diferente, están a un volumen tan tremendo en ocasiones que se convierten en ruidos.
El ruido que nos envuelve en las grandes ciudades nos afecta mucho y de diferentes formas. De hecho, según los datos que maneja la OMS, es la segunda amenaza ambiental más importante para la salud tras la polución.
Este mismo organismo considera un volumen de 70dB el límite máximo aconsejable como ruido de larga duración. Este ruido tiene un nombre… Socioacusia. La definición es “exposición habitual al ruido de las ciudades como el tráfico rodado o industria” y nos afecta todos los días. Para este ruido y por hábito existe una adaptación a nivel intelectual, pero no a nivel orgánico.
Es decir, ya no lo oímos a nivel consciente pero provoca estrés y existen estudios que relacionan este estrés como desencadenante de factores psicológicos, como irritabilidad o problemas para descansar correctamente y de efectos físicos derivados como dolor de cabeza, alteraciones del sistema digestivo o incluso problemas cardiovasculares.

Ruido laboral y social

Actualmente los gobiernos de los países ya se están preocupando en mayor o menor medida de este problema. España, por ejemplo, tiene normas estrictas y concretas en lo que se refiere a ruido laboral y ruido social. El primero con la aportación de medidas de protección adecuadas por parte de las empresas y desplazando las fábricas a zonas apartadas; el segundo con normas para la limitación de volumen en establecimientos de ocio y horas establecidas de silencio para contribuir al descanso de los vecinos.
Sin embargo, el ruido propio de la vida ciudadana no tiene aún una solución exitosa. Está demostrado que el tráfico rodado genera el 47% del ruido ambiental que nos acompaña. En estos momentos ya hay muchas iniciativas para paliarlo: asfaltos absorbentes, restricciones totales en algunas zonas de las ciudades o limitaciones horarias de uso de vehículos, la apuesta por los coches eléctricos. Los fabricantes de neumáticos trabajan en rodaduras más silenciosas, pero todas estas soluciones aun no han cuajado lo suficiente.
Toda ayuda es necesaria, aunque parece que a los seres humanos actuales les gusta el ruido. Nuestras actividades de ocio son gregarias y buscamos zonas de intenso ruido. Bares, zonas de ocio tumultuosas, tiendas con la música muy alta, gente escuchando música mientras caminan, van en autobús o en bicicleta. Es un bombardeo sonoro continuo que está provocando un envejecimiento auditivo prematuro muy alejado del que se produce de forma natural.
Estamos en verano y muchos nos iremos de vacaciones. Muchos destinos turísticos tienen una contaminación sonora alta, aunque solo sea por la multitud de gente. Tenemos que disfrutar de estos días de descanso y nos lo merecemos, pero en la medida de lo posible, intentemos encontrar esos momentos placidos y de silencio. Intentemos disfrutar de los pequeños sonidos a los que nunca prestamos atención y que nuestros oídos disfruten también unas vacaciones. Se lo merecen.

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